Maestros y Discípulos

“Atravesar Italia a lo largo y a lo ancho,

recorrer el mundo, encontrar a miles de personas

de todos los tiempos y en todos los continentes,

impartir lecciones y conferencias, mantener debates…

ha sido y es una de las experiencias más hermosas

y afortunadas de mi vida”

 

“Heidegger piensa que el Ser no es una estructura,

 sino un acontecimiento. Acontecimiento quiere decir

   un darse histórico en las culturas y en las diversas épocas,

e insiste mucho en la noción de época. Época es época histórica pero,

 también –del griego-, suspensión. Una época histórica es un detenerse

de las constelaciones, un intervalo de movimiento de los cielos.

En las épocas hay aperturas de horizontes diversos, con distintos

 Criterios de verdad. Unas veces se piensa que somos vampiros y otras, átomos.”

 

GIANNI VATTIMO

No ser dios. Editorial Paidós. 2008.

 

            Al finalizar la lectura de la obra de Vattimo y Piergiorgio Paterlini, no pude sino pensar en escribir algo al respecto. No logro dejar pasar el hecho de que una lectura tan repentina incidiera de tal forma en mi manera de sentir, porque esta biografía a cuatro manos no es un trabajo de grandiosa especulación racional, es una apertura emocional de la vida de Vattimo. Entonces me propuse escribir esto, que no es un resumen del libro, ni solo mi impresión sobre el. Es una reflexión sobre una vida filosófica y sobre mi vida actual, que deriva de la experiencia directa de la vida filosófica narrada.

Es increíble la forma en la que se corresponde lo que se siente y se vive con lo que se piensa; pareciera que vivimos en esa ambivalencia de intentar conciliar dos cosas creyendo de antemano que son irreconciliables. Yo mismo continuamente he afirmado que la intensidad y profundidad de la vida se encuentra en esa contradicción, pero no es menos cierto que el movimiento conciliatorio de alguna manera es la vida misma. Andamos en procesos de maduración constante y de transformación de las maneras de pensar, y eso no es negado por Vattimo, pero a la hora de leer el libro; este por si solo nos va mostrando ese desarrollo. Si un filósofo como Vattimo en su Heideggerianismo confía y sabe que una de las formas esenciales de la verdad es el diálogo y que es ahí donde esta emerge, se pone a prueba al desarrollar una biografía que es un diálogo donde no se notan los interlocutores. El diálogo entre Paterlini un escritor y Vattimo un filósofo genera una biografía a cuatro manos increíblemente pulcra, sólo a través de ese diálogo puede emerger una verdad en la vida del filósofo.     

  Cuando uno recorre con el pensamiento la vida de este personaje, se encuentra con todo un esfuerzo real por tener una proyección filosófica y una creación propia, que afortunadamente al final de sus años es satisfactoria y motivo de orgullo. Un hombre que va narrando la relación con sus amistades y que nos expresa con sincero agradecimiento, el amor de sus maestros. Además de la tortuosa vida de un político de izquierda homosexual y galardonado intelectual, en un país en que todo eso junto era demasiado. Que al final supo disfrutar siempre de todo eso, supo aprovechar su amor hacia los hombres a través de un goce que constantemente compara con los antiguos. Y que supo vivir la vida desequilibrada de un intelectual del siglo XX, que vive con dos hombres durante 35 años y que tiene que padecer la muerte de ambos. Como no puede haber una vida filosófica? cuando todo eso se va hilando con su carrera intelectual, con sus escritos y su herencia en la sociedad. En los  textos que coloqué al inicio, emerge esta correspondencia, sin ningún tipo de intencionalidad los coloqué los dos queriendo reflejar un aspecto personal y otro intelectual. Pero cuando se leen ambos es imposible separarlos, como puede Vattimo tener esa visión del ser como acontecimiento de una época histórica, como ese intervalo en el cual se observan las constelaciones; si no fuera por haber viajado por el mundo y conocido a todas esas personas de todos los tiempos, descubrir las aperturas históricas diversas en un mundo, y las verdades de cada una de ellas. De no ser así, de no haber esta exclamación hacia la vida, no sería un filósofo sino un estudioso (distinción mas que aclarada).

Por otro lado se genera una ansiedad en mí tras la lectura, cuando narra el filósofo, se cuentan las amistades y los maestros, los condiscípulos que juntos vivieron un gran aprendizaje. Es en este instante que uno se impresiona al escuchar esos nombres. Viví unos años con Humberto que no perdía la costumbre de fumar su pipa y ¿Quién era Humberto? Bueno Humberto Eco condiscípulo con Vattimo de Luigi Pareyson. Luego se enorgullece Vattimo de poder decir que fue discípulo de Hans Georg Gadamer y su primer traductor. Es tras esta lectura que uno se pregunta ¿es esta relación Discípulo – Maestro la que genera a los genios filosóficos? ¿Es completamente necesaria la existencia de ésta? De ser así adviene el terror de no tener maestro, de envidiar esa idea,  esa experiencia. Incluso no puedes tener una experiencia completa con tus compañeros de clases si estos no pasan a ser condiscípulos, si no compartimos ese lazo de tener a un mismo maestro que ilumine la posibilidad de grandeza en el otro, para que como decía Vattimo sabia que Eco sería lo que fue gracias a las palabras de Pareyson sobre el. ¿Somos unos Huérfanos? Acaso esta ausencia, puede producir incapacidad, o más bien debemos sentirnos afortunados de no encajarnos en un maestro y poder escoger uno entre los grandes filósofos de la historia, incluso llevarnos a la idea sentimental de tener por maestro a nuestro padre o abuelo, a cualquier familiar cercano o a todos. Podemos pensar que tenemos varios maestros y en nuestras memorias elegir a los condiscípulos y eligir a los maestros. Puedes al final de los días decir que tu maestro fue Heidegger o Walter Benjamin o el mismo Hegel.

 

Nos forzaremos como huérfanos a refugiarnos en un profesor que no tenga la grandeza necesaria, y cometer el error de por desespero resguardarnos en las faldas de quien no tiene nada que enseñar. Acaso entonces podremos sin haber sido discípulos entrar en la cadena y ser maestros. O es que debemos romper con eso y clamar que maestros y discípulos desaparezcan. Yo he llegado a sentir que uno es ahora un huérfano pero de esa condición deviene una libertad, unas ganas de decidir incluso si quiero que mi maestro sea Gianni Vattimo y leerlo como tal ¿generar un afecto de ese tipo será posible?

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