La Filosofía Política de Etienne de la Boetie

Introducción

La obra de Etienne de La Boetie consiste en un impecable análisis de la política y la naturaleza humana,  que se centra en lo que Cappelletti llamará la cuestión de la desigualdad entre gobernantes y gobernados[1]. La importancia del “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” se ve reflejada por la cantidad de ediciones comentadas que se  han editado de la esta obra, así como los múltiples usos e interpretaciones que se han hecho de la misma, aspecto que refleja André May en su ensayo “La servidumbre voluntaria, un ensayo sobre las interpretaciones del Discurso de la Boetie”. Esta importancia para Serge Margel consiste en un estudio sobre la autoridad y la apropiación del cuerpo del súbdito por parte de la Tiranía, configurando uno de los primeros textos que se centran en la pregunta por la naturaleza de la autoridad del poder.

Me propongo entonces, revisar las características de la filosofía política de Etienne de La Boetie, a partir del Discurso sobre la servidumbre voluntaria, encontrando los puntos esenciales de la misma y apoyándome en algunos comentarios de los Intérpretes antes mencionados.

La naturaleza del poder.

Cappelletti empieza su ensayo acotando que “más que reivindicar el derecho del pueblo a elegir a sus a sus gobernantes, Etienne de la Boetie cuestionó la idea misma del gobierno y del Estado”(1986, p.55), es así que no se le puede ubicar en la línea de los demócratas sino más bien de los anarquistas, pero creo que si bien hay partes del texto en las que esto se puede visualizar existe en cierta medida una defensa de la soberanía, asunto que trabaja en sus primeras líneas Cappelletti. Voy a mostrar delante de qué manera se puede observar este punto. Lo que creo es que el análisis de La Boetie es lo suficiente complejo como para no poder encajárselo de esa manara en un planteamiento político específico. Aunque comparto parte de lo planteado por el intérprete argentino.

El inicio del Discurso está marcado por una aclaratoria con respecto a la figura del mandatario único en el gobierno, cuando éste nos comenta que “es desgracia extremada verse sujeto a un amo cuya bondad nunca se puede estar seguro y que tiene siempre el poder de hacer el mal tanto como se le dé la gana”(La Boetie 2001. p 4 Comillas mías). Forma parte de la naturaleza del poder la posibilidad de la perversión del que lo ejerce, el autor es claro en este punto, el espacio desde el cual se ejerce el poder va a permitir dicha perversión, de modo que quienes colocan ahí a un hombre deben estar en conciencia de esto.  De manera inmediata el autor se excusa de que no se trata este trabajo de discutir respecto a las formas de gobierno, y delimita su campo de estudio a un problema en específico, aunque más adelante vuelva sobre el punto del gobierno de uno o de muchos.

Las características del poder van a ser disertadas de inmediato cuando se afirma que el tirano “no tiene más fuerza que el que ellos (los súbditos) le dan, no tiene más capacidad de dañarlos  sino en cuanto que ellos tienen aguantarlo, que sólo puede perjudicarlos mientras ellos lo quieran soportar y que no podría hacerles ningún mal si dejaran de sufrirle todo, como lo sufren por no contradecirlo”(Ibíd. p 4), el poder emana de los súbditos, de los hombres propiamente y ni siquiera se transfiere ya que siguen siendo estos los que lo ejercen, manteniendo al tirano. Si el poder fuera entregado, el Tirano haría uso de él contra los hombres y estos no tendrían poder sobre este, pero si como dice La Boetie los hombres aguantan al tirano es porque ellos siguen detentando el poder. Es distinto al caso en el que se obliga a una nación por la fuerza, aspecto acotado directamente por el autor. Precisamente lo fundamental va a ser para Margel que se rompe con la idea de la emanación divina del poder[2]. El poder del tirano reside en los hombres que lo han llevado hasta allá, o que estando ahí simplemente lo mantienen, razón para que Cappelletti diga que “Ningún gobierno puede mantenerse sin la colaboración (activa o pasiva) de los gobernados; nadie puede mandar si no se le obedece o, mejor todavía, si no se le escucha en absoluto (Cappelletti 1986 p. 64)”. Hay un espacio desde el cual se hace uso del poder que ofrecen los hombres, este espacio es mantenido por estos mismos hombres que se han de convertir en súbditos cuando colocan en ese espacio a un hombre, pero este lugar pervierte y el que más ama a su pueblo al ser colocado ahí se convierte en tirano a partir del actuar de los propios hombres que siendo libres se asumen súbditos.

Luego de establecida preliminarmente la naturaleza del poder y del ejercicio del gobierno, de La Boetie procede a establecer el problema y las condiciones bajo las cuales se genera este mal “ver a un número infinito de personas que no obedecen sino sirven, que no son gobernadas sino tiranizadas que no tiene bienes ni padres, ni mujeres, ni hijos, ni siquiera la propia vida que les pertenezca”. Si el hombre es naturalmente libre como es posible que se deje arrebatar su libertad voluntariamente.

La libertad es natural en el hombre y lo hace más valiente, queda claro cuando se ejemplifica las batallas en las que un pequeño ejército de hombres que luchan por su libertad pueden ganar una batalla a un gran ejército al que lo mueve la ambición de dominio.

Pero esta libertad que es natural en el hombre es privada a miles de ellos por un solo hombre, este usa medios para sustraer y disminuir esa libertad que no le son propios, medios que le son otorgados por los propios súbditos. De manera que si los tiranizados lo sostienen no hace falta tumbarlo sino no darle nada. Estos hombres se ponen ellos mismos la tiranía, porque no solo que no hagan nada para evitar perder su libertad, sino que además lo promueven y sustentan. Para comprender la naturaleza de la libertad y los modos en los que hacemos que nos la quiten es necesario para el autor no abandonar el tratamiento de la naturaleza del poder, afirma más adelante que el poder del tirano es como el fuego que crece solo cuando lo alimentamos, ya que estos tiranos en la medida en que son más crueles con sus súbditos estos suelen darle más y servirles más, siendo que como al fuego con dejar de alimentarlo, al tirano con dejar de servirlo se habrá de extinguir su poder. De este modo la fuerza que tiene el tirano no le es propia es la entrega que le hacen los miembros de la nación:

“El que tanto os domina no tiene más que dos ojos, no tiene más que dos manos, no tiene más que un cuerpo, y no tiene nada que no tenga el hombre más humilde de entre el gran infinito de los que habitan en nuestras ciudades, a no ser la ventaja que vosotros le concedéis para que os destruya. ¿De dónde saca tantos con que os espía, si vosotros no se los disteis? ¿Cómo tiene tantas manos para golpearos, si no las toma de vosotros?…”

Esta es la fuerza del tirano, el poder del mismo emana de los hombres que habitan esa nación y que voluntariamente han sustentan y entregan lo suyo. Dirá Margel “La potencia del tirano es un poder que el hombre le da. Esta potencia no es entonces natural, propia y específica a su esencia. El tirano no posee esta potencia naturalmente como una propiedad intrínseca”(Mergel 2009). Pero si esta opresión es voluntaria el sólo deseo de la libertad nos hará lograr conseguirla, este es suficiente. El autor exige entonces dejar de mantener, dejar de servir, no llama a la violencia, llama a la desobediencia, este accionar es propio de la naturaleza del poder del tirano. Si depende de los  hombres, dejen de mantenerlo. De manera que para Cappelletti “según La Boetie, para acabar con cualquier tiranía no es necesario luchar directamente contra ella ni combatirla con la espada o con la palabra; basta con no hacer caso y no obedecer sus órdenes”(Cappelletti 1986, p 63).

La naturaleza de la libertad.

Pero sucede que siendo natural el amor a la libertad, los pueblos se someten voluntariamente, haciendo perder su condición a la libertar. Esta es la angustia de Etienne de la Boetie y para estudiarla se propone estudiar la naturaleza humana.

Afirma el autor que “si viviéramos con los derechos que tenemos de la naturaleza y con los preceptos que esta nos enseña, seríamos naturalmente sumisos a nuestros padres, sujetos a la razón sin ser esclavos de nadie”(De La Boetie 2001, p 15-16). Luego se agrega un elemento de gran importancia, la naturaleza “ministra de dios, gobernadora de los hombres, a todos nos ha creado fundiéndonos en el mismo molde para demostrarnos que todos somos iguales, o más bien que somos hermanos” (íbid, p 16), esta noción de igualdad es fundamental para reconocer una sociedad ácrata en De La Boetie, ya que más adelante el autor nos habla de las condiciones de fuerza de algunos y las cualidades distintas entre los hombres, que no busca que unos se impongan a otros, al contrario permite que se trabaje fraternamente y en comunidad. De modo que esta igualdad es propia de la naturaleza humana y la libertad también, por lo que se podría entender que una sociedad desigual organizada en gobernantes y gobernados es ajena a la naturaleza de los hombres. Este es uno de los argumentos centrales de Cappelletti que cita a Clastres el cual afirma que la obra del autor trabajado:

“remite a la afirmación, implícita pero básica, según la cual la división no es una estructura ontológica de la sociedad y que, por consiguiente, antes  de la desgraciada aparición  de la división social, dicha estructura estaba necesariamente en conformidad con la naturaleza del hombre, era una sociedad sin opresión y sin sumisión.” (Cappelletti 1986, p 56).

Es a partir de esta argumentación que Cappelletti afirma que el tema central del Discurso sobre la servidumbre voluntaria es la división entre gobernantes y gobernados.

Volviendo a la obra de De La Boetie, observamos que seguidamente al tratamiento del tema de la igualdad y la voluntad de unión, procede a ejemplificar cuan natural es el deseo de ser libre en los animales, y cómo es posible que el hombre pueda perder ese deseo.

Luego procede a mostrar los tipos de obtención del gobierno por parte de los tiranos, y como todos degeneran en lo mismo no importando el modo como llegaron ahí. Esto podría hacer pensar que la propensión a la tiranía es propia del gobierno en sí mismo, y nos daría una lectura contra todo tipo de gobierno. Porque  la división entre gobernantes y gobernados, el hecho en sí mismo de colocar a alguien para que mande a los hombres, es un movimiento tiránico y que tiende a suprimir esa libertad que solo es tal cuando somos iguales. El autor nos va a mostrar luego, como el que nace bajo la tiranía aún así es propenso a la libertad ya que si se le hiciese optar entre ser siervo o ser libre por razón optará por la libertad.

Pero si se cae por engaño en la tiranía y al pasar del tiempo se acostumbran los hombres a desear y mantener su propia opresión no sucede esto por causa natural, sino más bien por costumbre. Esta es la primera conclusión del autor con respecto a las causas de la pérdida de la libertad y el deseo de servir. De modo que la libertad es una semilla natural en el hombre que pude ser desarrollada bajo ciertas condiciones pero que puede perderse en el olvido. Al respecto dice Margel “la costumbre lleva aquí una doble función. Por una parte consiste en cultivar la planta o hacer florecer la semilla de razón. Pero por otra parte se convierte en una segunda naturaleza, desnaturaliza al hombre al convertirse ella misma en su nueva y única naturaleza” (Margel 2009).

De esta manera se presenta un elemento para comprender esta enfermedad de la servidumbre voluntaria, siendo natural nuestro deseo de libertad, este puede ser adormecido por la costumbre.

“Digamos, pues, que para el hombre resultan naturales todas las cosas con las que se nutre y a que se acostumbra, pero sólo es puro aquello hacia lo que llama su simple y no alterada naturaleza.” (De La Boetie 2001)

Pero al respecto acota el autor, que esta semilla permanece naturalmente en los hombres, razón para que tantos habiendo nacido en la esclavitud o la servidumbre sintieran el latir de la misma y el deseo de esta, y que hicieran todo a su alcance para obtenerla. Concluye De La Boetie:

Hay siempre hombres que saborean la libertan aunque no la hubieran conocido y son estos la prueba de que no solo no es natural la tiranía, sino de que la semilla de la libertad siempre está ahí.

Con respecto al proceder del tirano el autor habla respecto a un punto de gran importancia, el tirano usará siempre soldados externos a su nación, mercenarios traídos de afuera, porque sabe que el poder que detenta no le pertenece, y no solo eso, no confía ni en su pueblo, ni en su propia capacidad para mantenerse por sí solo en el ejercicio del gobierno. Sabe que es mantenido ahí. Al respecto De La Boetie afirma

“Pero, en verdad, muy cierto es que el tirano jamás cree tener bien asegurado su poder sino cuando ha llegado al punto de no tener bajo su dominio hombre alguno que valga.” (De La Boetie 2001)

El tirano que sabe lo débil de su capacidad para mantenerse en el gobierno, usa a su pueblo embruteciéndolo con juegos y elementos banales, hasta hacerlo cobarde y sumiso. Esta comenta Cappelletti es la segunda causa de la servidumbre voluntaria, el que un pueblo se deje atontar por cobardía. La tercera consiste en dejarse dominar por lo misterioso y lo religioso; el tirano al conocer los comportamientos de los hombres y mujeres de su nación los domina mediante la superchería, usando infinidad de trucos. De este modo “jamás ha sucedido que los tiranos, para asegurarse, no se hayan esforzado por habituar al pueblo no solo a la obediencia y a la servidumbre sino también a la devoción hacia ellos.”(De La Boetie 2001)

La tiranía y los pequeños tiranos.

Al terminar de mostrar lo que podríamos comprender como las razones para que la semilla natural de la libertad se corrompa y los hombres se sometan voluntariamente, el autor hace un análisis importante sobre el poder militar. Se cree que los guardias de un castillo protegen a este, y se les teme, pero resulta que quienes primero hacen uso de sus armas contra el tirano son estos propios guardias que lo cuidan, de modo que “no son las bandas de gente a pie, no son las armas las que defienden al tirano” (ibíd.) Inmediatamente se inicia uno de los análisis que considero más importante, y que tiene que ver con la naturaleza misma del Estado y del gobierno. Quienes mantienen y defienden al tirano son un grupo muy pequeño que tiene acceso a él, estos lo asesoran y colaboran en sus maltratos, de manera que parte de su perversidad es la de ellos también. Pero este grupo pequeño tiene debajo un gripo más grande y así hasta llegar a miles. A este grupo lo llamaré funcionarios para diferenciarlo de los súbditos normales, son estos personas que trabajan directamente para la tiranía y que de esta manera no solo la sostienen sino que son responsables directos de las atrocidades cometidas por esta. El estado teje una telaraña de cómplices directos y que son los que trabajando para ella no pueden eludir su responsabilidad, y más bien son tan avariciosos que se acercan para lucrarse y hacerse con el botín de los saqueos. Esta es la configuración de un gobierno cómplice de las atrocidades del tirano, y tan tiranos como este; con este agregado De La Boetie completa el cuadro de la tiranía, no dejando la responsabilidad sólo en la cabeza sino en todo el que forma parte del aparato de opresión. Es una red de servidumbre, pero de pequeños tiranos también. Diferencia De la Boetie que “el funcionario” y el habitante de la nación oprimida viven en diferentes condiciones de servidumbre, porque aunque uno es opresor también, es mucho menos libre, porque está obligado a entregar todo su espíritu al tirano hasta el punto de perder toda su subjetividad. En palabras del Autor:

“No basta con que obedezcan, es necesario que se rompan, que se atormenten, que se maten trabajando en los asuntos  de él y luego, que se complazcan con sus placeres, que abandonen los propios gustos por los suyos, que fuercen el propio temperamento, que se despojen de la propia naturaleza: es necesario que cuiden de sus palabras, su voz, sus gestos y sus ojos, que no tengan ojo, ni pie, ni mano, que todo esté al acecho para espiar sus deseos y para descubrir sus pensamientos.”(ibíd)

Creo que este análisis casi psicológico del que trabaja directamente para una tiranía es de gran trascendencia y marca un tipo de comprensión, que no solo se limita al gobernador y gobernado, sino que amplía la noción de tiranía acercándose a como la conocemos hoy en día. Y le termina advirtiendo al “funcionario” que no se confíe porque son los primeros que corren con la suerte que han provocado a su pueblo. Al respecto dice Margel “Para transferir potencias, para dar el poder al tirano, o, lo que es lo mismo, para fundar la autoridad del poder, hay que ofrecer el propio cuerpo engrasado para el placer del carnicero.”(Margel 2009)

Consideraciones Finales.

            La naturaleza del poder resulta compleja de determinar a lo largo del discurso, hay algo que entrega al tirano, pero eso es la posibilidad de acceso a un espacio creado por los hombres, el espacio desde donde se gobierna y que es antinatural a la igualdad y libertad de los hombres, este espacio es mantenido por los miembros de la nación y así se mantiene al tirano se le legitima, pero a medida que pasa el tiempo el uso del espacio hace que los hombres entreguen poder al tirano cedan espacio y ejercicio del mismo voluntariamente; pero no creo que lo cedan todo, ya que precisamente aquello que los hace que sigan sosteniéndolo es un poder inalienable a los hombres.

Por otro lado con respecto a la interpretación de Cappelletti, si bien estoy de acuerdo en mucha parte de ella, considero que si hay una comprensión de la soberanía que recae en los miembros de la nación, ya que todo el discurso habla sobre el poder que recae en los hombres y como son estos los que mantienen al tirano ahí, de manera que aunque es cierto que queda claro que lo natural es una sociedad de iguales que no está dividida entre gobernantes y gobernados, una vez que esta está creada, se articula una comprensión del poder desde los hombres gobernados y no desde el gobierno mismo.

Margel me parece que cuando habla de la apropiación del cuerpo por parte del tirano, y cita a De la Boetie no toma en cuenta la diferencia entre el campesino que cumple lo que le han dicho, de modo que en su hacer es siervo, y el que trabajando directamente para el tirano no solo es siervo al hacer sino que debe ser siervo en el pensar.

La actualidad del pensamiento de Etienne De La Boetie es clara, una filosofía política novedosa en su tiempo y que aún nos descubre cosas sobre la naturaleza de los gobiernos.

Bibliografía

De La Boétie, Étienne: Discurso de la Servidumbre Voluntaria también llamado Contra Uno. Editorial Aldus, S.A., Primera Edición, México, 2001.v

Edición digital usada del Discurso http://www.mediafire.com/?tjmzmzxmfgy

Cappelletti, Ángel: La idea de la libertad en el renacimiento. Editorial Laia. Barcelona, 1986. p 55-70

Serge Margel: De la resistencia voluntaria. La Boetie y el cuerpo del poder. 2009. Revista digital Erytheis. http://idt.uab.cat/erytheis/numero4/margel_es.html

André May. La servidumbre voluntaria. Un estudio sobre las interpretaciones del Discurso de La Boetie. Tomado de la página:

http://www.sindominio.net/etcetera/PUBLICACIONES/minimas/51LaBoetie.pdf


[1]Tomado del ensayo Etienne de la Boetie y la Libertad Política, del libro “La idea de la libertad en el renacimiento”.

[2] Para Margel cuando se afirma la emanación del poder de la propia acción humana, “se deja de atribuir la autoridad a un derecho divino inalienable (Margel 2009)” y a la vez se crea una crisis en las instituciones y su legitimidad. En el caso de Cappelletti el rechazo se da al poder en sí mismo, razón por la cual no es necesario plantear una forma de gobierno en su ensayo. “Quiere decir simplemente que el autor se conforma con señalar la no-necesidad del poder político y, más aún, la carencia de fundamento positivo del Estado (Cappelletti 1986. p 60.)” Frente a las afirmaciones que hace al comienzo La Boetie, referente al estudio de los tipos de gobierno, no sé si para analizar el texto intento de convertir en un anarquista al autor oscurezca y omita algunos puntos.

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