El 4 de febrero 1992 y el 11 de abril de 2002. Dos hechos éticamente contrapuestos.

El 4 de febrero 1992 y el 11 de abril de 2002.

  Dos hechos éticamente contrapuestos.

                Suele escucharse como  reclamo, afirmación efusiva más que un argumento, que no se puede hacer una exposición negativa de los actos del 11 de abril de 2002 llevados a cabo por la oposición venezolana, ni mucho menos referirse a sus protagonistas como golpistas, porque el 4 de febrero de 1992 se llevó a cabo también un golpe de Estado y que si se hace referencia a la primera fecha enunciada habrá necesariamente que expresar el mismo rechazo hacia la segunda.

Parecería innecesario hacer algún comentario al respecto, sobre todo por el tono necio y emotivo con el que suele lanzarse aquella frase sobre la condición de golpista del presidente Chávez, que pretende ser un argumento, pero que no lo es en la medida en que no considera una reflexión profunda con respecto a los dos momentos históricos. Pero para aquellos que deseen establecer una discusión seria con respecto a los contenidos de ambos fenómenos, deberán ser desarrollados algunos puntos.

El 27 de febrero de 1989 se desbordó, inicialmente en Guarenas y luego en Caracas, el descontento contenido de los sectores más pobres de la sociedad venezolana, éstos venían siendo excluidos continuamente de las políticas asistenciales de los diversos gobiernos y sintieron en las medidas tomadas por Carlos Andrés Pérez el punto máximo de ese proceso de invisibilización, hacerles pagar las condiciones de la crisis.

Salió masivamente el pueblo a la calle no solo a expresar su descontento haciéndose sentir, mostrando que existe y que no permitirá más atropellos sin reaccionar, sino también buscando cubrir sus necesidades materiales por medio del asalto directo a los comercios de alimentos, esos mismos que habían recién aumentado los precios hasta un doscientos por ciento.

El resultado inmediato es que se demuestra la pérdida absoluta de legitimidad de un sistema político que viene corrompiéndose cada vez más en la misma medida en que niega la transformación de recursos en políticas sociales directas, además de pretender hacer pagar a los sectores sociales una supuesta crisis, aplicando las profundamente impopulares medidas del Fondo Monetario Internacional.

Es deslegitimada toda la cúpula política del país por medio de una masiva manifestación popular que tiene por contenido un directo desconocimiento del gobierno en todos sus niveles. Esta pérdida de legitimidad se genera en dos niveles que se producen por medio de dos rupturas; una política y una ética. En lo político se caracteriza por la toma de decisiones que afectan directamente a los sectores sociales más empobrecidos, produciendo un rechazo directo que termina por originar una negación popular del sistema político en general. La ruptura en lo ético se produce cuando ante las masivas manifestaciones, el gobierno responde utilizando los medios de coacción en contra de la gente, reprime violentamente asesinando a una cifra hasta ahora inestimable de venezolanos.

Una vez que sucede esto queda patente la crisis estructural de un sistema político junto a sus representantes, que siendo incapaz de resolver por la vía política un reclamo, ante el temor expreso de la gente en las calles saca los fusiles y los usa contra su propio pueblo. Al suceder semejante conjunto de hechos se justifica ética y políticamente la rebelión contra ese sistema.

En el marco de este estado estructural de crisis irrumpe el movimiento militar del 4 de febrero, los participantes del mismo vienen organizándose con anterioridad al caracazo. A un descontento acumulado a lo interno de la institución militar se suma la culpa de tener que haber respondido violentamente contra el pueblo. A partir de esa pérdida de legitimidad del sistema que se expresaba en todos los sectores de la sociedad y la justificación ética de una rebelión, se producen la intentona de golpe que buscó tomar varios puntos militares a nivel nacional.

No habiendo podido cumplir con los objetivos el líder de ese movimiento el Teniente Coronel Hugo Chávez reconoce su responsabilidad y pide a los compañeros que cesen el enfrentamiento. Afirma que no se pudo por ahora, frente a los televisores se encuentran venezolanos que en todos los sectores sociales reaccionan, como públicamente expresaron después, diciendo que por fin alguien se hizo responsable de algo en el país.

Los responsables fueron presos, pero el descontento social en la nación seguía creciendo, se produce otro intento de golpe en Noviembre de ese mismo año. Las calles continúan siendo masivamente asaltadas por reclamos y movilizaciones. De igual modo crece el apoyo a esos militares que comandaron un golpe expresando los deseos de muchos, se aplica la censura para con el que luego será el líder de un proceso que innegablemente cambiará la historia de Venezuela. La legitimidad ética y política de la rebelión del 4 de febrero se demostró posteriormente cuando se consolidó un movimiento gigantesco a nivel nacional que llevó a ese Teniente Coronel y sus propuestas a la silla presidencial por vía de las urnas.

Al contrario, el ambiente nacional del año 2002, pese a estar cargado por una profunda conflictividad social, es radicalmente distinto, esa conflictividad viene dada por otras condiciones, se han ganado dos elecciones presidenciales y se aprobó por primera vez en la historia de la República una constitución por vía electoral y no por el consenso de los sectores políticos y económicos.

Se han tocado los intereses de los tradicionales sectores de la oligarquía, especialmente con la aprobación de un conjunto de leyes que buscan empezar una transformación real de las relaciones de producción y sus consecuentes relaciones de poder. Vale la pena especialmente mencionar la ley de hidrocarburos, que trastoca los intereses de la ya vieja meritocracia ejecutiva de PDVSA, la cual sin duda tenía un poder económico especial dentro de la nación; por otro lado se aprueba la ley de tierras, que busca proponer una nueva reforma agraria, profunda y estructural, que por supuesto afecta los intereses de sectores tradicionales del empresariado nacional.

Esos sectores se organizan y promueven el conflicto, usando los medios de comunicación para generar el odio y la división que adjudicarán al discurso oficial. Utilizan múltiples medios para crear una imagen a nivel internacional según la cual el país resulta ingobernable. Vienen planificando una conspiración, junto a parte de la cúpula militar, esa misma que es producto de los viejos poderes, la que forma parte esencial de la oligarquía; crean un plan para un golpe de Estado aliándose con sectores externos.

Usan a sus seguidores, a los cuales han venido motivando desde los medios de comunicación, promueven un paro nacional previo a la movilización que convocarán para el día 11, los llaman eufóricamente a dirigirse hacia Miraflores, sabiendo que no hay permiso para ir hasta allá, así como la presencia de multitudes afectas al gobierno. Los líderes desaparecer, abandonando a los marchistas en el medio de una trampa, cuyas pruebas están a la luz. Hacen uso de una policía local para generar una situación de violencia incontrolable, a través de francotiradores proceden a disparar contra sus propios seguidores, para luego junto a la policía atacar a los afectos al presidente que se encontraban cerca.

Todo esto significa que no sólo carecen de legitimidad social necesaria, actúan contra los intereses de la mayoría del pueblo, planifican encubiertamente un golpe de Estado, sino que además parte del plan consiste en engañar a sus propios marchistas para hacerlos matar en las cercanías de Miraflores. Han utilizado al pueblo venezolano como medio para conquistar sus fines, matarlos para generar una situación de confusión que sirva de telón de fondo para a través de la televisión pronunciarse desconociendo al gobierno nacional.

Estas acciones revelan un crimen fácilmente identificable con las caras más oscuras del fascismo, per supuesto un atentado contra todo lo ético y político. Los principios son puestos de lado para conquistar el poder por cualquier medio posible.

Finalmente, aquellos que participaron de forma abierta en las acciones, el día 12 creyéndose triunfadores se adjudicaban responsabilidades con el objetivo de que les dieran una tajada, hoy niegan su responsabilidad, afirman no haber participado en un golpe ni tener ninguna culpa respecto a los fallecidos.  No son capaces de dar la cara al país y especialmente a sus propios seguidores.

Son dos procesos históricos muy distintos: uno pertenece a la historia de las rebeliones populares a nivel mundial, a la historia de la emancipación; el otro forma parte de la historia de los golpes que las oligarquías nacionales en nuestro continente han perpetrado contra los pueblos.

Manuel Azuaje Reverón.

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