Archivo de la categoría: Crítica política

Independencia y Emancipación. Dos objetivos en pugna.

Independencia y Emancipación.

Dos objetivos en pugna.

            Se conmemoran 202 años de los hechos del 19 de abril de 1810 que marcaron definitivamente el inicio de la guerra de liberación del yugo español en nuestro territorio. Pero vale la pena más que hacer el frecuente análisis sobre los factores que llevaron a los sucesos o la forma en la que se dieron, referirnos a la compleja situación de convulsión social que estalló en los años posteriores y que marcó la historia de nuestro país. Debemos ir para ello más allá de las historiografías oficiales.

            Afirma Vladimir Acosta que existe una tensión entre la independencia y la emancipación como proyectos que expresaban los deseos de sectores sociales no sólo distintos sino que entrarían en una pugna abierta y cruenta. El historiador y filósofo estudia los procesos referidos a los primeros años del conflicto en el país, especialmente a los intereses representados por quienes tomaron las decisiones. Consideramos que estos análisis pueden ser extendidos hasta el estallido de 1814 con la figura de Boves a la cabeza.

Una comprensión de estos fenómenos a partir de las concepciones e intereses perseguidos permite desmitificar una visión orgánica y unitaria de la guerra de liberación, haciendo posible ver que lejos de darse una lucha homogénea entre patriotas y españoles realistas, existió un complejo  proceso social más cercano a una guerra intestina de castas que a una lucha nacionalista claramente tangible.

La idea de independencia se identifica con todos los procesos latinoamericanos por igual, buscando que exista una visión única de éstos, uniforme y ajustada al estudio esquemático y sintético de la historia, el cual termina siendo muy superficial. Se desarrolla la concepción de la independencia como algo abstracto y unívoco que perseguían todos aquellos que se oponían al yugo español. Los hechos y sus consecuencias deben ser vistos de forma regional denotando la complejidad de cada uno, es necesario también hacer hincapié en que a lo interno de cada futura nación hay distinciones fundamentales propias de las convulsiones vividas.

Convertir en sinónimos los conceptos de independencia y emancipación pretendió hacerlos pasar por un mismo proyecto, expresión de los intereses de toda la población en pugna que constituiría los sectores de la futura Venezuela. Además, afirmarán quienes sostienen esto, que el proceso histórico debes estudiarse como una totalidad cerrada, conclusa. Desaparecen así toda diferencia de carácter social en las dimensiones internas del conflicto dándole uniformidad tanto al bloque patriota como realista.

Acosta sostiene que la independencia se constituirá en el objetivo directo de la oligarquía criolla, un objetivo político, obtener el reconocimiento de la independencia por parte de España. La emancipación por la debilidad y el atraso político e ideológico de las masas populares no podrá ser caracterizado con claridad como objetivo de los sectores dominados por los españoles, éstos son explotados directamente por esa oligarquía criolla independentista, pero ese proyecto no deja de expresarse en el desarrollo de un conflicto como deseo, lo que llevó a estos grupos a estar de un lado y de otro durante la guerra. La dominación social a la que estaban sujetos por parte de la oligarquía criolla llevó a identificar a éstos como los principales enemigos, porque eran evidentemente los antagonistas directos de clase, haciendo de la lucha de los primeros años una revolución profundamente social.

La dinámica de la relación entre ambos proyectos llegó a tener su máxima expresión en el año 1814, donde algunos autores consideran que al lado de la guerra de independencia se dio una verdadera revolución que expresaba los deseos de los sectores más empobrecidos de la sociedad, éstos se rebelaron contra todo el orden vigente generando una ola de violencia proporcional a la recibida durante siglos de explotación. Fue una época de ejercicio de las ansias niveladoras del pueblo que como ya se afirmó identificaron a los blancos criollos como el enemigo de clase inmediato.

Es necesario estudiar este  momento de la historia del país como un reflejo de la estructura de castas de la sociedad colonial, como su producto más inmediato, así como un punto en la historia de las rebeliones populares que marcaron el siglo XIX y que forma parte del imaginario político de los movimientos que luchan hoy en día contra sectores de la nueva oligarquía.

Para los criollos independentistas hubiese resultado mucho más beneficioso llevar a cabo una independencia al tipo de Estados Unidos, de bajo costo y rápida para terminar fuertes, pudiendo dedicarse al comercio con la vieja Europa, así jugar un papel preponderante en el siglo que se iniciaba. Los procesos mediante los cuales se pedía el reconocimiento formal de autonomías para las colonias en función de lograr finalmente la independencia demuestra el carácter conservador de esta élite política, que en el fondo se proponía hacer una revolución burguesa que no cambiara las relaciones sociales coloniales.  Lo que se quería era independencia para los blancos criollos sin emancipación para los sectores subalternos.

Será esa contradicción entre los intereses de las élites dominantes y las mayorías populares la que atizará el conflicto social, produciendo una revolución intestina donde los dominados respondieron con toda la rabia contenida en siglos de explotación. Esta lucha entonces es resultado de la misma condición en la que se encontraban los más empobrecidos, que no vieron en el proyecto independentista el reflejo de sus ímpetus y necesidades.

Los fenómenos sucedidos marcaron el carácter social nivelador de la lucha por la liberación en nuestro país, a diferencia de otras naciones latinoamericanas se trastocó toda la estructura colonial. La lucha y su dinámica sirvieron de ejemplo para todas las posteriores que se llevarán a cabo con el mismo espíritu emancipador, especialmente la guerra federal.  Para Vallenilla Lanz la condición interna de la guerra degeneró en que se destruyó esa oligarquía, haciendo imposible que a diferencia de Colombia por ejemplo tengamos todavía hoy a sus herederos directos en el poder, por supuesto el autor desde el positivismo le da un carácter negativo a lo acontecido, pero para nosotros marca el inicio de nuestras luchas populares y el verdadero contenido popular de las guerras por la liberación nacional.

Comprender la diferencia entre ambos objetivos permite situarnos hoy ante una independencia lograda a medias y una emancipación por la que debemos luchar, para que todos sectores revolucionarios se identifiquen con las banderas de esos zambos, negros, pardos e indios.

Manuel Azuaje Reverón.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica política

¿Por qué todo 11 tiene su 13? Los movimientos populares revolucionarios. El 12 y 13 de abril de 2002.

¿Por qué todo 11 tiene su 13?

Los movimientos populares revolucionarios.

El 12 y 13 de abril de 2002.

En contraste fundamental con las acciones llevadas a cabo por la oposición, mientras éstos planificaban el asesinato masivo de venezolanos con el objetivo de desestabilizar en el marco de un golpe de Estado; Hugo Chávez decidió ir preso, ser arrestado antes de resistir, como podía hacerlo, para no producir más muertes. Es decir, mientras la oposición optaba por la muerte, el presidente Chávez resguarda la vida del pueblo por encima de la suya propia.

Toca analizar el proceso posterior a esos actos aciagos del 11 de abril. Porque todo 11 tiene su 13, ante los planes de la derecha que resultó abiertamente fascista, el pueblo desde tempranas horas del 12 salió a las calles masivamente a defender sus derechos, a defender los intereses de clase que ahora venían siendo cada vez más representados.

Este fenómeno es único a nivel mundial, que un golpe de Estado perpetrado por la oligarquía, los medios y sectores de la cúpula militar sea revertido por las masas populares, los cuales con su presión hicieron entender al resto del mando militar que sin el pueblo no hay poder posible.

Abundan las imágenes de un pueblo, que por encima de cualquier manipulación mediática se dio cuenta conscientemente de cuáles eran sus intereses y de que los debían defender costara lo que costara. Pero además, mientras la oposición derogaba una constitución aprobada por vía electoral, el ciudadano de los sectores más empobrecidos salía a las calles con esa misma constitución en sus manos a defender un sistema democrático que recién se había dado a sí mismo.

Resultó la máxima expresión de un cambio fundamental en la historia de Venezuela.  De un país con un sistema caduco, que no generaba la confianza de nadie, especialmente de los sectores sociales más empobrecidos, se pasó a tener un pueblo capaz de organizarse rápidamente en respuesta a una agresión directa, pudiendo identificar quién era su enemigo político y de clase. Vale acotar, organizarse desde sus propia capacidad orgánica para luchar, sin liderazgo inmediato, sino con la voluntad de algunos que codo a codo con la gente apostaron por la protesta y la movilización.

Se produjo entonces un contraste explícito en la sociedad venezolana, por un lado una oposición abiertamente conformada por la oligarquía y sus aliados, que llega a planificar el asesinato en masa de los ciudadanos, desde aquellos que se les oponen hasta sus propios seguidores; por el otro un presidente que pone su vida por la de la gente, que apuesta a la paz frente a la muerte, junto a él un pueblo cada vez más consciente y organizado en defensa de sus intereses y el sistema participativo y protagónico.

Es necesario recordar siempre de lo que esta oposición (donde siguen estando los mismos rostros) puede hacer para conquistar el poder y defender sus espacios. Pero también  ellos deben saber y recordar que el pueblo estará preparado para defenderse ante cualquier agresión, ahora más que nunca.

Manuel Azuaje Reverón.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica política, Uncategorized

El compromiso orgánico.

28 de marzo de 2012

La discusión con respecto a la transformación interna que debemos hacer en cada uno de nosotros lleva directamente a pensar el tipo de compromiso que asumen o deben asumir los teóricos de la izquierda. En este caso se presenta la idea de que ser un experto marxista o un “intelectual de izquierda”, no tiene necesariamente que ver con un compromiso real con los más necesitados y con la emancipación de los pueblos.

No solo se trata de la unidad necesaria entre teoría revolucionaria y práctica revolucionaria, sino de que esta última tenga por contenido esencial esa profunda sensibilidad social que lamentablemente pocos intelectuales tienen. Muchos se asumen como la vanguardia, los dirigentes exclusivos, los que deben iluminar al pueblo; cuando de lo que se trata realmente es de acompañar a ese pueblo y ser orientado por él, porque son sus acciones el contenido final de toda reflexión.

Valdría la pena afirmar entonces la urgencia de ser un intelectual orgánico, porque esa organicidad hace referencia a la condición vital. Frente al intelectual de mármol, al elitismo académico que consagra su figura a ser una de esas vacas sagradas que deben ser consultadas sobre todos los temas, el intelectual comprometido palpita con la gente, camina codo a codo con los pueblos en su lucha, porque se integra orgánica-vitalmente a la lucha de los más necesitados.

Evita cristalizar las teorías, sacralizar a los autores, porque no le interesan los textos como un conjunto de ideas muertas, tanto por su invalidez, como por la pretensión de que sean esquemáticamente válidas en todo momento y contexto. No espera tampoco y teme profundamente que sus propias ideas terminen cobrando el carácter de sacrosanto manual para el cambio revolucionario.

Lo orgánico es lo vivo y en este sentido tanto el dirigente como el intelectual deben vitalizar sus acciones y actitudes. Cada una de ellas debe estar cargada de una profunda capacidad de sentir realmente los dolores y padecimientos de quienes necesitan que se exija el cambio de un sistema que no es capaz de mantenerse sobre la base de los niveles de explotación y humillación a los cuales se somete a la mayoría de la humanidad. En la medida en que éste sea el contenido de una teoría, será orgánica, viva y practicable, será una práctica teórica.

Manuel Auazje Reverón.

1 comentario

Archivado bajo Crítica política

Sensibilidad Social y Conciencia Revolucionaria.

25 de marzo de 2012.

En los tiempos que corren y a lo largo de estos doce años de proceso no son pocos los que han llegado a él con el único fin de sacar alguna tajada, desde ganancias económicas hasta una parte del poder del Estado; algunos se han aferrado durante años a un cargo, otros han pasado por muchos y los hay quienes recién llegaron hace algunos años, habiendo pasado los momentos duros refugiados en sus casas o hasta marchando para la campiña.

Otros son los que llenos de ilusiones, del espíritu revolucionario, consiguieron algún puesto en las instituciones públicas y se han visto abordados por ese desalentador ambiente en el cual la burocracia mella  las ganas de cambiarlo todo. Pasa que o se convierten en burócratas o se desilusionan a tal punto que se les ve como van perdiendo la chispa que caracterizó su espíritu inicial. Suelen  ser una pérdida dolorosa para la lucha. Pero también muchas veces se pueden desburocratizar, recordándoles el sentido final de todo esto, o volviéndolos hacia ese pueblo que en cada trinchera pelea día a día.

Vale la pena de igual modo recordar a aquellos que siguen sosteniendo el espíritu con el que llegaron y desde ahí  batallan intensamente, sin ellos ya esto seguramente hace tiempo se hubiera estancado de forma definitiva. Son esos los que con humildad, coraje y fuerza se enfrentan a ese espíritu de derechización que anda por ahí, muchas veces personificado y coloquialmente, jodiendo.

Los que he descrito primero suelen ser no solo altamente peligrosos, sino que además le hacen el favor  directo a la contrarevolución, ya que por más que intenten aparentarlo sus acciones no van acompañadas del espíritu necesario para llevar a cabo las transformaciones que hacen falta. Por otro lado resultan bastante hábiles a la hora de asimilar el discurso hasta a veces claramente radical que caracteriza a los sectores que vienen luchando para profundizar  el cambio.

Por esta razón es necesario que podamos identificar a estos sujetos que se apropian de las palabras y símbolos de la izquierda con el único fin de poder satisfacer sus intereses particulares. Debemos entonces buscar un elemento que deba estar presente en quien está comprometido seriamente. Aquello que caracteriza el contenido de las actitudes de quien lleva una praxis sincera es la sensibilidad social, sin ésta las palabras resultan vacías y las acciones superficiales.

La sensibilidad social debe ser la forma que envuelve el contenido de toda acción revolucionaria, por más que se intente no hay manera de fingirla, siempre se notará lo falso y sobreactuado de la misma. Su ausencia se hace patente cuando en la intimidad, el círculo cerrado, o en lugares donde no es necesario fingir, estos funcionarios muestran sus actitudes racistas, clasistas, homofóbicas, machistas y otras del mismo tipo, antivalores. En las instituciones que dirigen, en el trato inmediato con los trabajadores se nota claramente cuál es el carácter del compromiso de muchos de esos que en público y frente a las cámaras se rasgan las vestiduras por el pueblo.

La exposición de la sensibilidad como forma del contenido de toda acción revolucionaria dirige el tema a la formación sociopolítica y comunitaria. Una vez que está presente podemos hacer posible que el sujeto de la transformación en los espacios comunitarios aprehenda las herramientas teóricas, los instrumentos de interpretación necesarios para darle una mayor capacidad a sus prácticas y a la lucha. Es ésta la que permite que los miembros de las comunidades reconozcan la lógica y estructura de la dominación, así como a sí mismos y a sus compañeros de clase como objeto de la explotación. A través se reconoces en el otro a la víctima del sistema, en todos sus niveles, político, económico, cultural.

En el caso contrario están quienes manejan la teoría, o aquellos que han reconocido la falsedad del sistema de legitimación impuesto cultural, ideológica y epistemológicamente por el capitalismo como un conjunto de verdades incuestionables. Son aquellos, por ejemplo, a los cuales les asalta la duda con respecto a lo que se ensaña en las universidades y empiezan a formar un criterio crítico de esos sistemas teóricos y verdades. A éstos debe orientárseles para que la crítica teórica se haga crítica social, y aunque sea más complejo, será necesario formar esa sensibilidad social que deberá derribar las barreras impuestas por los antivalores actuales.

Es por ello que la formación y actualización de la sensibilidad social es esencial a la hora de generar conciencia revolucionaria, porque no hay garantía de permanencia más que en su fortalecimiento continuo a través del compromiso y cercanía con aquellos que padecen materialmente a diario los embates de la burguesía. Se deben combatir todos los antivalores que permanecen dentro de nosotros, y que se fomentan en función de evitar la cohesión social y el reconocimiento orgánico del sufrimiento del otro que lleva a activar la lucha.

Manuel Azuaje Reverón.

1 comentario

Archivado bajo Crítica política

Conocer a un revolucionario

Caracas, 19 de marzo de 2012

Para Julián Conrado.

El revolucionario se caracteriza por actuar desde un profundo amor hacia el pueblo. Esa sensibilidad social se refleja en su nivel más básico y emerge  directamente hacia el otro ser humano que se presenta de inmediato en su necesidad.

Es decir que el acto de amor está presente en cada una de esas actitudes que se tienen con los otros. Una relación armónica, pero profundamente comprometida y solidaria con la emancipación de la humanidad toda, constituida por cada una de las personas con las que nos encontramos día a día.

Una reflexión de este tipo suele ser estimada por algunos como banal o sentimentalista, pero lo es en la medida en que es poco común ver personas así en nuestros días. Eso lleva a pensar que en la actualidad son pocos los verdaderos revolucionarios que nos encontramos, aquellos que todos los días actúan desde la solidaridad, los verdaderos camaradas.

Es precisamente la sociedad capitalista, esa en la que todo aparece mediado como mercancía (desde los objetos intangibles tales como los valores y las emociones, hasta los seres vivos), la que nos vende culturalmente la idea de que somos seres aislados movidos por actos de egoísmo.

Los ideólogos del sistema han pretendido hacer pasar por científica esa conveniente idea de que nuestra naturaleza es la guerra, el conflicto, ese egoísmo que nos enfrenta permanentemente y ante el cual es necesario un Estado represivo. Es la condición impuesta por el mercado capitalista que intencionalmente ha sido caracterizada como la que responde a nuestra forma natural de ser.

Por ello si para estos ideólogos del capitalismo ha sido tan importante la guerra cultural, la batalla por hacer pasar como científicas sus relaciones de dominación en tanto que “naturaleza humana”; no es para nada irrelevante que nuestra lucha pase por situar inicialmente en todo proceso de cambio a la humanidad unida por lazos de amor y la solidaridad como condición esencial que debe ser siempre afirmada.

Es desde la transformación inmediata y permanente de nuestras actitudes que se garantiza la permanencia de un cambio. Resulta necesario entonces reflexionar y corregir aquellos elementos que permanecen en nosotros y que han sido desarrollados desde las  relaciones capitalistas.

Conocer a un verdadero revolucionario cambia radicalmente la precepción que se tiene sobre uno mismo y el entorno que constituye nuestro propio proceso de cambio.

Lo primero que se aprecia es la alta moral que sostiene ese compañero, la fortaleza que emana. Una fuerza que se contagia inevitablemente, porque donde se encuentra va con él la revolución hecha palabra y acción. También resulta fundamental ver una profunda humildad que es reflejo de ese mencionado amor. Esa humildad debe estar presente siempre porque es la que nos mantiene cerca del otro, sostiene una relación de retroalimentación de las acciones del pueblo, se está con los necesitados, los condenados de la tierra.

Una vez que se pierde esa humildad se empieza a generar la arrogancia, se fortalece una egolatría que termina mellando ese amor por el pueblo. Ese posicionamiento de la arrogancia empieza a colocar los intereses particulares por encima de los intereses de los necesitados. Cuando se llega a ese punto la condición revolucionaria ha sido irremediablemente corrompida.

Por último, considero que el carácter revolucionario se forja definitivamente cuando ese compromiso es puesto a prueba en situaciones límite. Cuando se arriesga la vida por las ideas, los principios, y así, por el pueblo, la gente que sufre día a día. Son quienes desde esos actos de amor  lo dejan de lado todo para luchar por la emancipación.

Desde lo expuesto creo entonces que debemos revisar continuamente nuestras actitudes, fortalecer los principios y el amor hacia los otros, los más necesitados. Actuar siempre desde la humildad y ser solidario con los demás en todo momento. El compromiso debe pasar por poner el interés general siempre como el fin de toda acción.

Manuel Azuaje Reverón.

Asilo y libertad para Julian Conrado.

Amando Venceremos!

3 comentarios

Archivado bajo Crítica política

Referencia y sujeto político: Los excluidos.

 El discurso de Ollanta Humala

                Pasadas las 12 y media de la noche y al mismo tiempo que se confirmaba la ventaja electoral, el candidato nacionalista de la coalición “Gana Perú” Ollanta Humala, apareció ante el público en la plaza 2 de mayo.

Fuera de todas las condiciones y apoyos que lo llevaron hasta ahí y al margen de la dura campaña mediática, así como de las afirmaciones del ya presidente electo respecto a Chávez y sus pretensiones de seguir el modelo Lula, lo que interesa mostrar es el contenido de su primer discurso como presidente electo.

El eje central del discurso fue el fortalecimiento del Estado, lo que denota ya una viraje respecto al modelo neoliberal que tiene entre sus principales características el debilitamiento del Estado y sus funciones. Por otro lado se afirma de inmediato que este fortalecimiento implica principalmente la presencia del Estado en las zonas más empobrecidas del Perú. Esta acotación estará presente a lo largo de todo el discurso, donde se afirma que la prioridad son los excluidos.

Así mismo se mantiene el deseo de un crecimiento económico con inclusión social, criticando que no se puede hablar de crecimiento mientras se mantiene en la pobreza  a casi 13 millones de peruanos. Enuncia que se establecerán políticas sociales y se profundizará la lucha contra la corrupción.

Anuncia que trabajará por la unidad latinoamericana, y buscará la integración del Perú en las distintas organizaciones continentales orientadas a estos fines.

En lo que respecta a la economía afirma la necesidad de una economía abierta y de mercado pero que consista en el fortalecimiento de las industrias nacionales, porque no hay economía de mercado si no pueden competir las industrias y empresas peruanas.

En lo laboral se afirma la necesidad de dar seguridad a los jóvenes y eliminar los cobros injustos. Luego, y me interesa destacar esto, resalta la importancia de impedir la explotación de las mujeres que trabajan como servicio doméstico a través de su formalización y su aseguramiento. Aquí vemos que el sujeto político es el excluido del sistema, el que se explota salvajemente sobre la base de su informalidad.

Luego llama al fortalecimiento de los servicio, el país crece cuando crecen sus familias afirma, pero para que cada familia crezca necesita tener acceso a los servicios. Esto sólo es posible a través de una distribución de la riqueza del Estado para que “el crecimiento económico se transforme en desarrollo para todo el pueblo peruano”.

El derecho a la educación es resaltado como una prioridad del Estado y principalmente en las zonas rurales que son las menos abastecidas. Entiende Humala que el fortalecimiento de los servicios sólo es posible si se democratiza el gas, por lo que llama a que “el gas sea para los peruanos”.

Así mismo plantea un plan de fortalecimiento del sistema de salud a partir de la creación de Hospitales en las zonas rurales “porque la salud tampoco puede ser un privilegio, es un derecho de todos, particularmente de los que menos tienen”.

Esboza luego un programa de atención a las madres solteras, pero no a las madres en general y en abstracto. Cuando dice que crearan casas de cuidado para que estas dejen a los hijos cuando van a trabajar a las fábricas o al mercado, deja claro que es a las madres pobres a quien se dirige.

La política de no discriminación va mas allá de las madres solteras, se centra en los discapacitados que se encuentran en la pobreza porque no pueden acceder a un empleo digno.

Más adelante trata un tema importante para los peruanos, la necesidad de tomar en cuenta a los inmigrantes que están fuera del país, pero especialmente a los ilegales que trabajan más de ocho horas. Se creará una política de retorno, para ello plantea un programa de vivienda que a nivel nacional buscará dar solución a este problema, al mismo tiempo que fortalecerá todas las áreas de servicios para que nadie más se tenga que ir de Perú por necesidad.

Al considerar el problema de la delincuencia sabe que “necesitamos una policía honesta, bien pagada y eficiente”. Entiende que la prioridad es mejorar las condiciones del policía para que haga mejor su trabajo.

Casi terminando enuncia “no tengo ningún compromiso con ningún grupo económico ni nada por el estilo, mi único compromiso es con el pueblo peruano, ustedes me han elegido, ustedes son mis jefes, y yo tengo que rendirle cuenta a ustedes”. Entiende el carácter obediencial del poder político.

Afirma finalmente que se ha esperado por una transformación “por un gobierno que se preocupe por los pobres, por la gente que está desamparada (…) el pueblo ha estado esperando sensibilidad en los políticos”.

En el discurso hay otros elementos que no han tomado en cuenta, ya que interesa caracterizar el contenido, destacando el sujeto político y referencia permanente a este. El plan de gobierno aparenta un carácter desarrollista y nacionalista de corte social, esperaremos a ver qué sucede. También hay que destacar que no todos los gobiernos de izquierda de la región han sido abiertamente socialistas en sus inicios.

Fuera de que se pueda decir que son promesas o no, interesa resaltar que el contenido y fin último del discurso son los pobres, pero no los pobres en general sino los excluidos del sistema. Excluidos que produce el permanente y sistemático debilitamiento del Estado, el reemplazo de sus funciones gubernamentales por los sectores privados, que además no llegan ni cumplen. Un proceso que genera que todas las zonas rurales se encuentren fuera del alcance del Estado, acompañado de la formación de toda una pobreza periférica y externa a la totalidad cerrada que representan la ciudad.

Este sujeto político se configura como el fin último del plan de gobierno y referencia central del discurso. Es importante también recalcar el carácter obediencial del liderazgo y la representación, en el momento en que Humala afirma que ellos mandan y el obedece. Así mismo les llama a sus compañeros de gobierno a cumplir los mandatos del pueblo.

El tiempo dirá si se cumple o no este liderazgo obediencial, pero por ahora resulta alentadora la transformación al menos discursiva de quien gobierna el Perú.

3 comentarios

Archivado bajo Crítica política