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El 4 de febrero 1992 y el 11 de abril de 2002. Dos hechos éticamente contrapuestos.

El 4 de febrero 1992 y el 11 de abril de 2002.

  Dos hechos éticamente contrapuestos.

                Suele escucharse como  reclamo, afirmación efusiva más que un argumento, que no se puede hacer una exposición negativa de los actos del 11 de abril de 2002 llevados a cabo por la oposición venezolana, ni mucho menos referirse a sus protagonistas como golpistas, porque el 4 de febrero de 1992 se llevó a cabo también un golpe de Estado y que si se hace referencia a la primera fecha enunciada habrá necesariamente que expresar el mismo rechazo hacia la segunda.

Parecería innecesario hacer algún comentario al respecto, sobre todo por el tono necio y emotivo con el que suele lanzarse aquella frase sobre la condición de golpista del presidente Chávez, que pretende ser un argumento, pero que no lo es en la medida en que no considera una reflexión profunda con respecto a los dos momentos históricos. Pero para aquellos que deseen establecer una discusión seria con respecto a los contenidos de ambos fenómenos, deberán ser desarrollados algunos puntos.

El 27 de febrero de 1989 se desbordó, inicialmente en Guarenas y luego en Caracas, el descontento contenido de los sectores más pobres de la sociedad venezolana, éstos venían siendo excluidos continuamente de las políticas asistenciales de los diversos gobiernos y sintieron en las medidas tomadas por Carlos Andrés Pérez el punto máximo de ese proceso de invisibilización, hacerles pagar las condiciones de la crisis.

Salió masivamente el pueblo a la calle no solo a expresar su descontento haciéndose sentir, mostrando que existe y que no permitirá más atropellos sin reaccionar, sino también buscando cubrir sus necesidades materiales por medio del asalto directo a los comercios de alimentos, esos mismos que habían recién aumentado los precios hasta un doscientos por ciento.

El resultado inmediato es que se demuestra la pérdida absoluta de legitimidad de un sistema político que viene corrompiéndose cada vez más en la misma medida en que niega la transformación de recursos en políticas sociales directas, además de pretender hacer pagar a los sectores sociales una supuesta crisis, aplicando las profundamente impopulares medidas del Fondo Monetario Internacional.

Es deslegitimada toda la cúpula política del país por medio de una masiva manifestación popular que tiene por contenido un directo desconocimiento del gobierno en todos sus niveles. Esta pérdida de legitimidad se genera en dos niveles que se producen por medio de dos rupturas; una política y una ética. En lo político se caracteriza por la toma de decisiones que afectan directamente a los sectores sociales más empobrecidos, produciendo un rechazo directo que termina por originar una negación popular del sistema político en general. La ruptura en lo ético se produce cuando ante las masivas manifestaciones, el gobierno responde utilizando los medios de coacción en contra de la gente, reprime violentamente asesinando a una cifra hasta ahora inestimable de venezolanos.

Una vez que sucede esto queda patente la crisis estructural de un sistema político junto a sus representantes, que siendo incapaz de resolver por la vía política un reclamo, ante el temor expreso de la gente en las calles saca los fusiles y los usa contra su propio pueblo. Al suceder semejante conjunto de hechos se justifica ética y políticamente la rebelión contra ese sistema.

En el marco de este estado estructural de crisis irrumpe el movimiento militar del 4 de febrero, los participantes del mismo vienen organizándose con anterioridad al caracazo. A un descontento acumulado a lo interno de la institución militar se suma la culpa de tener que haber respondido violentamente contra el pueblo. A partir de esa pérdida de legitimidad del sistema que se expresaba en todos los sectores de la sociedad y la justificación ética de una rebelión, se producen la intentona de golpe que buscó tomar varios puntos militares a nivel nacional.

No habiendo podido cumplir con los objetivos el líder de ese movimiento el Teniente Coronel Hugo Chávez reconoce su responsabilidad y pide a los compañeros que cesen el enfrentamiento. Afirma que no se pudo por ahora, frente a los televisores se encuentran venezolanos que en todos los sectores sociales reaccionan, como públicamente expresaron después, diciendo que por fin alguien se hizo responsable de algo en el país.

Los responsables fueron presos, pero el descontento social en la nación seguía creciendo, se produce otro intento de golpe en Noviembre de ese mismo año. Las calles continúan siendo masivamente asaltadas por reclamos y movilizaciones. De igual modo crece el apoyo a esos militares que comandaron un golpe expresando los deseos de muchos, se aplica la censura para con el que luego será el líder de un proceso que innegablemente cambiará la historia de Venezuela. La legitimidad ética y política de la rebelión del 4 de febrero se demostró posteriormente cuando se consolidó un movimiento gigantesco a nivel nacional que llevó a ese Teniente Coronel y sus propuestas a la silla presidencial por vía de las urnas.

Al contrario, el ambiente nacional del año 2002, pese a estar cargado por una profunda conflictividad social, es radicalmente distinto, esa conflictividad viene dada por otras condiciones, se han ganado dos elecciones presidenciales y se aprobó por primera vez en la historia de la República una constitución por vía electoral y no por el consenso de los sectores políticos y económicos.

Se han tocado los intereses de los tradicionales sectores de la oligarquía, especialmente con la aprobación de un conjunto de leyes que buscan empezar una transformación real de las relaciones de producción y sus consecuentes relaciones de poder. Vale la pena especialmente mencionar la ley de hidrocarburos, que trastoca los intereses de la ya vieja meritocracia ejecutiva de PDVSA, la cual sin duda tenía un poder económico especial dentro de la nación; por otro lado se aprueba la ley de tierras, que busca proponer una nueva reforma agraria, profunda y estructural, que por supuesto afecta los intereses de sectores tradicionales del empresariado nacional.

Esos sectores se organizan y promueven el conflicto, usando los medios de comunicación para generar el odio y la división que adjudicarán al discurso oficial. Utilizan múltiples medios para crear una imagen a nivel internacional según la cual el país resulta ingobernable. Vienen planificando una conspiración, junto a parte de la cúpula militar, esa misma que es producto de los viejos poderes, la que forma parte esencial de la oligarquía; crean un plan para un golpe de Estado aliándose con sectores externos.

Usan a sus seguidores, a los cuales han venido motivando desde los medios de comunicación, promueven un paro nacional previo a la movilización que convocarán para el día 11, los llaman eufóricamente a dirigirse hacia Miraflores, sabiendo que no hay permiso para ir hasta allá, así como la presencia de multitudes afectas al gobierno. Los líderes desaparecer, abandonando a los marchistas en el medio de una trampa, cuyas pruebas están a la luz. Hacen uso de una policía local para generar una situación de violencia incontrolable, a través de francotiradores proceden a disparar contra sus propios seguidores, para luego junto a la policía atacar a los afectos al presidente que se encontraban cerca.

Todo esto significa que no sólo carecen de legitimidad social necesaria, actúan contra los intereses de la mayoría del pueblo, planifican encubiertamente un golpe de Estado, sino que además parte del plan consiste en engañar a sus propios marchistas para hacerlos matar en las cercanías de Miraflores. Han utilizado al pueblo venezolano como medio para conquistar sus fines, matarlos para generar una situación de confusión que sirva de telón de fondo para a través de la televisión pronunciarse desconociendo al gobierno nacional.

Estas acciones revelan un crimen fácilmente identificable con las caras más oscuras del fascismo, per supuesto un atentado contra todo lo ético y político. Los principios son puestos de lado para conquistar el poder por cualquier medio posible.

Finalmente, aquellos que participaron de forma abierta en las acciones, el día 12 creyéndose triunfadores se adjudicaban responsabilidades con el objetivo de que les dieran una tajada, hoy niegan su responsabilidad, afirman no haber participado en un golpe ni tener ninguna culpa respecto a los fallecidos.  No son capaces de dar la cara al país y especialmente a sus propios seguidores.

Son dos procesos históricos muy distintos: uno pertenece a la historia de las rebeliones populares a nivel mundial, a la historia de la emancipación; el otro forma parte de la historia de los golpes que las oligarquías nacionales en nuestro continente han perpetrado contra los pueblos.

Manuel Azuaje Reverón.

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¿Por qué todo 11 tiene su 13? Los movimientos populares revolucionarios. El 12 y 13 de abril de 2002.

¿Por qué todo 11 tiene su 13?

Los movimientos populares revolucionarios.

El 12 y 13 de abril de 2002.

En contraste fundamental con las acciones llevadas a cabo por la oposición, mientras éstos planificaban el asesinato masivo de venezolanos con el objetivo de desestabilizar en el marco de un golpe de Estado; Hugo Chávez decidió ir preso, ser arrestado antes de resistir, como podía hacerlo, para no producir más muertes. Es decir, mientras la oposición optaba por la muerte, el presidente Chávez resguarda la vida del pueblo por encima de la suya propia.

Toca analizar el proceso posterior a esos actos aciagos del 11 de abril. Porque todo 11 tiene su 13, ante los planes de la derecha que resultó abiertamente fascista, el pueblo desde tempranas horas del 12 salió a las calles masivamente a defender sus derechos, a defender los intereses de clase que ahora venían siendo cada vez más representados.

Este fenómeno es único a nivel mundial, que un golpe de Estado perpetrado por la oligarquía, los medios y sectores de la cúpula militar sea revertido por las masas populares, los cuales con su presión hicieron entender al resto del mando militar que sin el pueblo no hay poder posible.

Abundan las imágenes de un pueblo, que por encima de cualquier manipulación mediática se dio cuenta conscientemente de cuáles eran sus intereses y de que los debían defender costara lo que costara. Pero además, mientras la oposición derogaba una constitución aprobada por vía electoral, el ciudadano de los sectores más empobrecidos salía a las calles con esa misma constitución en sus manos a defender un sistema democrático que recién se había dado a sí mismo.

Resultó la máxima expresión de un cambio fundamental en la historia de Venezuela.  De un país con un sistema caduco, que no generaba la confianza de nadie, especialmente de los sectores sociales más empobrecidos, se pasó a tener un pueblo capaz de organizarse rápidamente en respuesta a una agresión directa, pudiendo identificar quién era su enemigo político y de clase. Vale acotar, organizarse desde sus propia capacidad orgánica para luchar, sin liderazgo inmediato, sino con la voluntad de algunos que codo a codo con la gente apostaron por la protesta y la movilización.

Se produjo entonces un contraste explícito en la sociedad venezolana, por un lado una oposición abiertamente conformada por la oligarquía y sus aliados, que llega a planificar el asesinato en masa de los ciudadanos, desde aquellos que se les oponen hasta sus propios seguidores; por el otro un presidente que pone su vida por la de la gente, que apuesta a la paz frente a la muerte, junto a él un pueblo cada vez más consciente y organizado en defensa de sus intereses y el sistema participativo y protagónico.

Es necesario recordar siempre de lo que esta oposición (donde siguen estando los mismos rostros) puede hacer para conquistar el poder y defender sus espacios. Pero también  ellos deben saber y recordar que el pueblo estará preparado para defenderse ante cualquier agresión, ahora más que nunca.

Manuel Azuaje Reverón.

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¿Por qué todo 11 tiene su 13? La oligarquía y la defensa de sus intereses. El 11 de abril de 2002.

¿Por qué todo 11 tiene su 13?

La oligarquía y la defensa de sus intereses.

El 11 de abril.

            Resulta pertinente hacer un análisis de los sucesos que se dieron entre el 11 y el 13 de abril. No sólo por conmemorarse diez años de éstos, sino porque en un año electoral toca visualizar cuál fue el espíritu de la oposición venezolana, cuyos rostros siguen siendo en su mayoría los mismos y que hoy se presentan con un discurso y actitudes defensoras de la democracia, que se desdibuja cuando revisamos estos fenómenos históricos.

El día 11 y los inmediatamente anteriores enseñaron el rostro y la capacidad que tenían esos grupos opositores para hacer lo necesario a fin de detener un proceso de transformaciones y particularmente desaparecer la figura de su líder Hugo Chávez.

Si algo importante sucedió fue que se reafirmó quiénes conforman ese bloque que resistía,  y aun hoy resiste, ante los cambios que trastocaban sus históricos espacios de poder. La meritocracia de PDVSA, que venía lentamente privatizando por partes la empresa más importante del país; los empresarios unidos bajo la figura de Fedecámaras, quienes no podían dejarse arrebatar el poder que garantizaba la explotación de los trabajadores venezolanos; los “líderes” sindicales reunidos en la CTV que traicionaron a la clase obrera y se aliaron a las patronales; la iglesia católica que era la principal aliada de la oligarquía para garantizar la dominación espiritual e ideológica.

Por último se unen los partidos con sus figuras más visibles, desde los tradicionales hasta los apéndices recién nacidos. Los menciono al final para destacar el poco poder con el que contaban en esa época dentro de la correlación de fuerzas de los sectores antes mencionados, teniendo una casi nula capacidad de decisión, lo cual por supuesto no excluye su responsabilidad.

No se puede dejar de lado la plataforma mediática que fue ofrecida para realizar y “garantizar” la realización exitosa del golpe. Los dueños de medios pertenecen orgánicamente a la oligarquía, representando sus intereses, al mismo tiempo frente a los poderes económicos, son en sí mismos un poder. Formando así parte esencial en la conspiración y determinando el modo como se ejecutaron los hechos.

La importancia de la formación visible de este bloque estriba en que por primera vez se articulan públicamente, mostrando quienes son los que están siendo tocados por las medidas ejecutadas por el gobierno nacional. De igual modo se observan los rostros de los que acumularon el poder durante toda la cuarta república y que no estaban dispuestos a perderlo sin luchar violentamente.

Detrás de todos estos personajes, por debajo de ellos, va una gran parte de la clase media alta y alta venezolana, que es la que se ha recibido durante años los beneficios del ejercicio del poder por parte de estos sectores. También van algunas personas que no perteneces a esos grupos sociales, pero que son movidos continuamente por los medios de comunicación.

Entonces, los sectores tradicionales de la oligarquía nacional se organizan públicamente. Muestran sus rostro, se articulación y alianza estratégica. Es básicamente una alianza contra el pueblo, porque ninguno de esos sectores representa ni se identifica con los sectores y movimientos populares. Queda así explícito como nunca antes el carácter de clase de la lucha actual en Venezuela.

Por un lado la oligarquía histórica, anterior y posterior al puntofijismo, junto a sus viejos aliados e instrumentos. Por otro, los movimientos sociales, los organizaciones populares, los trabajadores.

El otro aspecto esencial a destacar de estos hechos es la capacidad que tuvo la oposición para conspirar contra todos los ciudadanos; no sólo que habiéndose hecho pasar siempre por defensores de la democracia planifiquen un golpe en defensa de sus intereses de clase, sino que fueron capaces de enviar a sus propios seguidores a la muerte. Planificaron el asesinato en masa de venezolanos con el fin de tomar el poder.

La vida de los ciudadanos es el criterio sobre la base del cual se articula la política, cuando se atenta contra ella se abandona todo lo político y se pasa abiertamente al campo de la guerra. La oposición venezolana fue capaz de utilizar premeditadamente a sus seguidores para convertirlos en objeto de sus deseos de poder particulares, de igual modo planean el asesinato de sus antagonistas políticos.

Una vez que esa línea es traspasada  no hay vuelta atrás, el carácter de un sector queda marcado para siempre, se pierden todos los valores y principios éticos que puedan ser enarbolados, quienes fueron capaces de mandar a matar al pueblo pretenden aparecer ahora hablando de tolerancia, de paz, de progreso, en función de llegar por vía electoral al poder. No hay que olvidar de qué son capaces.

Manuel Azuaje Reverón.

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Entre la independencia y la emancipación. La rebelión de 1814.

Autor: Manuel Azuaje Reverón.

 

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             El acercamiento a un fenómeno histórico tan complejo como es la independencia analizada en su totalidad, representa uno de los retos más importante de la historiografía nacional, que desde sus diversas perspectivas se lo ha planteado. Éstos nunca han estado exentos de intereses concretos que se evidencian tanto desde la filiación política de una tendencia historiográfica como desde las características propias del pensamiento del historiador correspondiente. Tal cuestión ha sido objeto fundamental  tanto de la historiografía como ciencia del estudio de la historia, como de la hermenéutica como rama de la filosofía propiamente. No me propongo abordar mi tema desde ninguna de estas perspectivas, ni tampoco pretendo acogerme a la pretendida objetividad histórica; mi análisis lo haré desde la exposición de una tensión entre conceptos que se expresa en un cuerpo de fenómenos históricos.

Tal es una de las labores que le corresponde propiamente a la filosofía a la hora de estudiar la historia, no la de revisar documentos para alimentar versiones, si no la de plantear problemas conceptuales que tienen su origen en un momento histórico, haciendo una revisión de éstos en su desarrollo. Desde esta dimensión no es una preocupación de la filosofía vista así la de la objetividad histórica, entendiendo que si lo es para la filosofía de la historia (quehacer filosófico distinto al que me propongo), si no la de plantear una especulación filosófica llevada a su máxima consecuencia.

Es en tal sentido que me propongo revisar brevemente la tensión entre el concepto de independencia y el de emancipación que es el eje central desde donde Vladimir Acosta hace su análisis sobre los sucesos iniciales de las independencias latinoamericanas.  De modo que lo que planteo no es una cuestión original, en todo caso el tratamiento que le doy responde a mi interés particular en la etapa de la independencia que corresponde a la guerra de 1814, con el auge del movimiento “popular” realista bajo el mando de José Tomás Boves.

La importancia  que tiene esta etapa para la historia de Venezuela ha sido usualmente subestimada y se pretende ver con cierta organicidad la lucha independentista, sin tomar en cuenta muchas veces los diversos fenómenos que hacen a esta etapa histórica mucho más compleja de lo que se pretende usualmente. Tanto Acosta[1] como Uslar Pietri[2] coinciden en la importancia del fenómeno descrito por este último como “la rebelión popular de 1814”, afirmación que el primero pone en cuestión. Lo que sí está claro es que esta cruenta lucha que se llevó a cabo entre el año 1813 y 1814, fue uno de los fenómenos más sangrientos de la etapa independentista, que expresó los fuertes conflictos sociales que se venían acumulando durante todo el período colonial. Según Vallenilla Lanz[3] tales hechos determinaron la historia de nuestra nación.

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             Los procesos que terminan en la constitución de las repúblicas americanas (casi todos al inicio del siglo XIX) han sido caracterizados comúnmente como procesos independentistas, asumiéndose sin mucho detenimiento la idea de independencia como el gran objetivo de dichas luchas, que en algunos casos cobraron un tinte claramente más violento que en otros. Pero pretender asumir así un único esquema con el cual presentar todos los procesos y en general a todo el proceso regional, implica un error común de generalización que termina asumiendo en una visión simplista de la situación general de América. Si bien existe un claro parecido entre los estallidos independentistas,  similares en la formación de juntas, no es tan parecido el desarrollo de esas luchas en cada región, así como tampoco se dan de manera uniforme los procesos que en cada región devienen en la declaración de la independencia y su posterior logro.

Una mirada detenida a la idea de independencia descubre que ésta se ve cargada con un contenido que no parece ser nada claro a lo largo del proceso que deviene en la constitución de las repúblicas, tampoco tiene un contenido uniforme en todos los sectores de la sociedad colonial que se ve envuelta en las luchas de las primeras 3 décadas del siglo XIX.

Esta confusión será objeto de estudio por parte de Acosta, quién mesclando la visión filosófica con el discurso histórico, nos muestra la complejidad de la idea de independencia, que junto a la de emancipación consiguen hacerse fundamento de las guerras americanas de “liberación” (2011, p. 23).

La pretensión de convertir los dos conceptos en sinónimos, proviene de una visión desde la cual los objetivos de la guerra por la independencia se cumplieron en su totalidad, la cual hace una lectura del proceso independentista como un proceso histórico cerrado. Porque detrás de esa sinonimia solo se oculta el deseo de unificar la guerra, bajo un criterio desde el que desaparecen las diferencias sociales que fueron tan determinantes en su momento, haciendo de la guerra un proceso en el cual todos los sectores trabajaron juntos bajo un mismo objetivo. Un análisis crítico de esta visión permite afirmar “lo difícil que resultó unir en él (el proceso de independencia) las causas de la independencia misma con la causa un tanto confusa de la emancipación; o dicho en otras palabras la de la élite criolla con la de las masas populares.” (Acosta, 2010, p. 233).

De modo que detrás de la diferencia conceptual lo que se esconde es una diferencia profunda de castas ¿y por qué no? de clases, las cuales configuran un proceso de lucha complejo en el cual los intereses de éstas (especialmente en Venezuela) no se unifican bajo la bandera de la independencia desde un comienzo.

Al respecto este autor nos dice que:

…es necesario distinguir entre independencia propiamente dicha y emancipación, porque estrictamente hablando, la primera, la independencia, era el objetivo claro y definido de la oligarquía criolla, objetivo en lo esencial meramente político: independizarse de España, cosa que efectivamente se logra; mientras que la segunda, la emancipación, aunque nunca llegara a precisarse con igual claridad como proyecto debido a la debilidad, atraso político, falta de claridad ideológica y escasa fuerza orgánica de los sectores populares, era el objetivo –objetivo social, no logrado en aquel entonces- que estos sectores populares reclamaban aunque de modo confuso, y por el cual, cuando se decidieron a hacerlo o fueron arrastrados a ello, entraron a veces de un lado y a veces del otro en la lucha independentista encabezada por los criollos (p.25).

Es a partir de esta idea central desde donde haré la revisión de la guerra del año 1814, como una pretendida lucha social a la cual podríamos comprender en su momento como una expresión de los deseos de emancipación popular venezolanos, que no fueron comprendidos por los criollos hasta 1816 cuando se asumen compromisos directos con los sectores populares llevando a la configuración de un ejército patriota hegemónico[4].

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            Parece innecesario tener que explicar la importancia del período que va del año 1813 al año 1815, que tiene su momento cumbre en la lucha del año 14, donde realmente se aprecia la magnitud del movimiento encabezado por Boves. Pese a que pueda pensarse hoy en día así, no es el estudio de este período un tema recurrente de la historiografía venezolana y menos uno centrado en la figura del ejército realista  y sus características.

Al respecto Juan Uslar Piertri dice en el prólogo de “la historia de la rebelión popular de 1814” (2010) que fue “el suceso social de más envergadura que registra la Historia de la Emancipación americana. No encontramos un hecho igual en ninguna parte del continente” (p. 1), siendo así lo sucedido durante este período nos caracteriza y caracteriza nuestro período independentista dentro del panorama de toda América. Frente a la cautela con la que trata el tema Acosta, Uslar se lanza a afirmar que:

“en Venezuela, y esto es lo interesante del asunto, hubo además de la guerra de independencia una revolución, estructuralmente hablando, contra los patriotas que hacían la independencia. Revolución esta que no tuvo nada que ver con el Rey de España ni con el realismo, sino todo lo contrario, tuvo características democráticas y niveladoras.”

Más adelante haré una revisión de estas afirmaciones en contraste con el análisis de Acosta, para luego revisar también los productos del trabajo que al respecto hace Carrera Damas en “Boves, aspectos socioeconómicos de la guerra de independencia” (1972). Por ahora me interesa dejar en el tapete la importancia con la que Uslar se refiere al hecho, y la trascendencia de los fenómenos que sucederán alrededor de esta cruenta guerra, así como los efectos que tendrán para la comprensión de nuestros problemas nacionales.

Estos sucesos se convierten en materia prima para el estudio tanto de la constitución de castas de la sociedad colonial, como de las tensiones presentes dentro de dicha estratificación, de manera que representan una fuente maravillosa para la comprensión de la conflictividad social de la época colonial y su expresión sobre la guerra de independencia. Esta permitirá también extender un análisis del tipo que hace Vallenilla en la antes mencionada “psicología de la masa popular” (1999), que fuera de las pretensiones positivistas sirve para comprender los fenómenos sociales propios de la convulsionada Venezuela del siglo XIX, como aquellos que aún son producto de intensos debates nacionales en la actualidad.

Para una evocación dejo parte del discurso incendiario de Uslar Pietri sobre la relación entre nuestra guerra del año 1814 y la de 1793 en Francia: “Pues si bien en Francia la revolución fue exclusivamente en París, en Venezuela fue en todas partes, principalmente en el campo. La nuestra fue mucho más popular entre las masas que la francesa. Más agraria que citadina”.  (2010, p. 4).[5]

3.

            En la América española los procesos que derivaron en la formación de las repúblicas empezaron casi todos por la conformación de juntas, que llamadas a defender los derechos de Fernando VII son resultado de la crisis española del año 1808. Resulta fundamental para la comprensión de los sucesos bélicos que caracterizaron a nuestra independencia, profundizar en la aparición de esas juntas, las cuales tenían características similares.

La aparición de éstas se da de forma análoga en el Alto Perú, el virreinato de La Plata, Nueva Granada y la capitanía General de Venezuela, lo cual no puede resultar casual, generando dos interpretaciones; o que se gestó producto de todo un plan orquestado por las oligarquías criollas regionales, lo cual supone una capacidad orgánica inexistente entre las colonias americanas. O que la formación de estas juntas sea producto de una crisis que tocara a todas ellas. Ésta es propiamente la crisis española de 1808 que se caracterizó por la formación  de juntas en defensa de Fernando Séptimo frente a la invasión napoleónica a España. (Acosta, 2010, cap. V).

La influencia de la crisis española sobre la independencia es clara, podemos pensar que es el detonante principal para la conformación de las juntas, que una vez distanciadas de la metrópolis iniciaron un proceso indetenible que culmina con la declaración del la independencia (al menos en el caso de la capitanía general de Venezuela), lo que es importante destacar es el movimiento juntista español que ante la invasión francesa crea la Junta de Aranjuez, la cual presionada termina siendo la de Sevilla, para finalmente constituirse antes de su desaparición como Junta de Cádiz. Luego de todo ese proceso termina constituyéndose el Consejo de Regencia. Es este Consejo el que decide cambiar la manera como se percibe a las colonias pasando a considerarlas integrantes plenas de la corona española, haciendo que su estatus de colonia desaparezca (ibíd.). Por supuesto que decisiones de este tipo van a carecer de legitimidad debido a la crisis institucional en la que se encuentra España, pero eso no impide que este cambio de estatus afecte directamente a los habitantes de las colonias.

Aunque es notable la condición de causa de la crisis antes mencionada, resulta simplista y ideológicamente situada la idea de que la totalidad del proceso independentista depende del liberalismo Español y de la invasión francesa.

Es por eso que “se trata, pues, de que resulta falso y además interesadamente manipulador pretender que todo el proceso de independencia hispanoamericano librado contra España, y victorioso contra ella sea una mera consecuencia y proyección ultramarina de la crisis española de 1808”( p. 64). Y el historiador nos lo ratifica:

Y es falso porque una cosa es admitir como innegable que el inicio de las luchas americanas que conducen luego a la independencia nace en forma directa de la situación española de 1808, y otra muy diferente asignarle de manera arbitraria a España el protagonismo en nuestras luchas independentistas. (Ibíd.)

Antes de pasar a hablar directamente de la constitución de las Juntas, vale la pena hacer un breve comentario sobre la pretensión inicial de los criollos de llevar a cabo una independencia a los Estados Unidos de Norte América. La independencia de Estados Unidos se caracteriza por ser una guerra que puede ser analizada desde la perspectiva de las revoluciones burguesas, ya que siendo un proceso rápido y de bajo costo le permitió terminar lo suficientemente fortalecida como para jugar el papel que jugó en el siglo XIX. Podríamos pensar  que la inicial pretensión de los criollos al formar las juntas es mucho más cercana a una independencia de este tipo, que al proceso en el que se vio envuelta.

En el caso específico de la Junta Suprema de Caracas, las intensiones iniciales pese a no ser del todo claras apuntan a pensar en un proceso destinado a lograr la autonomía, concebida ya en algunas pretensiones de las Juntas españolas. Evidentemente hay quienes desde la aparición de la junta habrán estado pensando en independencia, pero las acciones de ésta hacen considerar que esos “radicales” no tenían influencia determinante en los destinos del confuso movimiento juntista venezolano[6].

Los miembros de la junta son caracterizados como “un conjunto de hombres moderados, a los que para el porvenir de sus negocios no convenía el monopolio económico de esa España decadente y atrasada” (Uslar Pietri, 2010, p. 11), y lo que principalmente perseguían al momento de plantear la independencia era una que “no significara, en manera alguna, lesión de los intereses por los cuales efectuaban semejante movimiento. Es decir ni guerra con España ni trastornos internos.”(ibíd.)

De modo que un movimiento que nace con un  claro sentido moderado y conciliador, pasa a declarar la independencia en el año 1811 sin estar pensando en emancipación en el sentido planteado con anterioridad, es decir independencia para los blancos criollos sin emancipación para los sectores populares. Pero rápidamente la conformación de la Junta Suprema de Caracas despertará los más profundos resentimientos sociales que se encontraban ocultos bajo la piel de la sociedad de castas colonial (Acosta, 2010), generando una guerra que desangrará al país los próximos 4 años.

4.

            Las pequeñas rebeliones de carácter popular que se dieron durante el siglo XVIII y más atrás desde la instalación misma de la corona española en estas tierras nos permiten destacar el carácter de odio racial con el que se dan,   que muchas veces desorganizadas y anárquicas hicieron temblar a los blancos, criollos y peninsulares por igual. Evidentemente detenernos en ellas requeriría un trabajo aparte, pero si me parece importante recalcar, cómo rebeliones como la de José Leonardo Chirinos y la del negro Miguel forman parte del imaginario colonial para el momento del inicio de la independencia[7], especialmente la última por ser más reciente al período de 1810-1815. Es importante subrayar también la imagen que causó sobre las elites gobernantes la revolución independentista de Haití.

Inmediatamente antes de la rebelión del 19 de abril de 1810, ya se habían dado intentonas por parte de los criollos para tomar el poder, especialmente una conspiración en la que se involucraba a las milicias de pardos, pero nada que pudiera ser considerado une estallido popular.

Pasemos ahora a revisar los alzamientos populares en contra de la declaración de independencia, que se dieron alrededor de los primeros días de conformada. El primero es una rebelión de pardos que se da en Valencia y que fue socavada rápidamente, cercano a ésta se dan un conjunto de alzamientos en los Teques y en barlovento, desde donde se movilizan cantidades de negros cargando armas rudimentarias, razón por la que es fácil detenerlos. El sector realista blanco, entre canarios, peninsulares y algunos criollos es el que moviliza a estos grupos, ya que al ver pronta la toma de medidas que no les conviene “recurrirá, como medio último y desesperado, a la temida insurrección de ‘castas’, armando los negros del Tuy contra los blancos mantuanos” (Uslar Pietri, 2010, p. 12).

Todos estos alzamientos iniciales carecen de espontaneidad necesaria como para categorizarlos de inmediato como rebeliones populares, ya que como se observa en todos los casos eran esclavos movilizados por los blancos realistas, los cuales los iban alzando como modo de presión contra Caracas. La razón para que esto sucediera así es que la relación entre las autoridades españolas y la iglesia con los sectores populares había sido de mediación frente a la explotación criolla para con los negros, así como de los intereses igualitarios de los pardos. Y otra razón mucho más importante para nosotros es que la independencia como se estaba proclamando no tenía ningún sentido para estos sectores,  que además desconfían de quien alza las banderas por la liberación, porque constituye la élite opresiva inmediata (Acosta, 2010, p. 201). Porque en todo caso “los pardos quieren igualdad social y política y los esclavos emancipación, libertad plena” (ibíd.).

EL carácter conservador de la independencia proclamada en el año 1811 se observa en las afirmaciones que se hacen en la Gaceta de Caracas del 26 de julio de 1811 entre las cuales se lee: “La esclavitud honrada y laboriosa nada debe temer estas medidas de economía y seguridad, con que el gobierno procura el bien de los habitantes del país” (Gaceta de caracas, 1811, citada en Uslar Pietri, 2010, p. 35).

Evidentemente que no son nada más los realistas lo que alebrestan a los sectores populares, sino que son también los minoritarios radicales republicanos los que lanzan proclamas de igualdad, aparentemente en ninguno de los casos hay consciencia plena de lo que puede significar aflorar los viejos resentimientos internos entre las castas. Los esclavos y los pardos van a ser objeto de manipulación durante los meses siguientes a la declaración de independencia, lo cual desencadenará los conflictos que entre el año 1813 y 1814 terminaran aterrorizando a todos los blancos sin distinción.

Dentro de esos movimientos y confusiones se pretendió acusar permanentemente a Miranda de buscar una guerra de castas desde donde nivelar a los pardos, haciendo uso de los negros en la guerra. Llegando Roscio a acusarlo de ser la cabecilla detrás de una conspiración encabezada por un pardo apellidado Galindo, que pretendía tomar el poder teniendo por banderas la libertad y la igualdad (Uslar Pietri, 2010, p. 31).

Contrariamente a esta pretensión Miranda recluta a los negros de las haciendas, pero no les ofrece la libertad plena, al contrario les ofrece la posibilidad de comprarla, pero aquellos que no han de tener como pagarla deberán regresar a los campos a su condición de esclavos (p. 54). En la misma medida en que se suceden promesar por parte de los republicanos y los realistas, los negros se alzan en los campos buscando que se cumpla con lo prometido, un ansiada libertad. Luego de caída la primera república se logrará desarmar a estos grupos, devolviéndolos (no sin dificultades) a su vieja condición.

El período que corresponde a “la campaña admirable” no está determinado por una presencia importante de negros o de partos, más se puede observar cómo se dio el caso de ciudades que luego de que quedaban indefensas eran atacadas por negros o por pardos que cometían atropellos en las misma. Tal es el caso de Valencia, donde al ser abandonada por Bolívar se cometen una cantidad de atropellos contra la población blanca, que no pueden ser expresión más que de profundos desprecios de casta.

En este punto es necesario mencionar el decreto de guerra a muerte, que para Acosta (2010) sólo es expresión directa de una situación que ya venía sucediendo, tiñendo el territorio nacional tanto por parte de los realistas como de los patriotas (p. 203).  Es importante señalar que en este planteamiento Acosta coincide con Carrera Damas quién afirmará que el proceso de saqueos y asesinatos se dio por igual en ambos bandos, y que pese a que la población civil se vio más afectada por el “fenómeno Boves”, en ambos casos hay abusos (Carrera Damas, 1972), comprender así la guerra permite desvanecer en parte el carácter mercenario del numeroso y popular ejército realista. Ya que “también del lado republicano se produce una violencia parecida, a una guerra a muerte, guerra sin cuartel, porque es necesario responder a la brutalidad de los realistas” (Acosta, 2010, p. 209).

De modo que el decreto de guerra a muerte (el cual merece un trabajo aparte) viene a expresar la manera sangrienta como se venía dando la guerra, así como el conflicto inmediatamente social de un grupo de castas sin identidad patria compartida.

El apoyo popular al sector patriota en estos tiempos es prácticamente nulo, y por las razones antes expresadas es más bien el sector realista quien aglutina grandes cantidades de negros y pardos, especialmente de los llanos. Esta característica permitirá a Uslar Pietri afirmar que el ejército patriota estaba constituido por un grupo de militares regulares y entrenados en la guerra española, mientras que el desordenado ejército realista con un alto conocimiento del terreno se manejaba desde una guerra instintiva y por eso mismo más aventajado. Por supuesto que Boves tenía una ventaja que expresa su apoyo popular, tenía la capacidad de aglutinar un gran ejercito en muy poco tiempo.

Estamos hablando entonces de un momento histórico en el cual:

Se pasa, así, en cosa de meses de la llamada República Boba, con su liberalismo, su legalismo y sus tentativas de moderación de los conflictos, a la explosión social, a la lucha popular y revolucionaria que alcanza su plenitud entre 1813 y 1814, lo que pronto convierte a la lucha venezolana por la independencia en el más violento, complejo, costoso y lleno de dificultades de todos los procesos independentistas hispanoamericanos (Acosta, 2010, p. 202).

De este modo es esta guerra la que hecha por el piso las pretensiones de la segunda república, culminando ésta con el abandono de Caracas por parte de Bolívar y lo que se conoce como “la emigración de oriente”. Pero detengámonos con más detalle en el fenómeno que produce esto, porque aquello que causa la pérdida de esta república y que no sea hasta 1816 que se puede volver a iniciar la lucha, no es un  férreo sentimiento de amor al rey o un deseo de las masas de volver al sistema colonial, “es una verdadera insurrección popular cargada de odio social y de violencia racial, en la que el papel protagónico lo tiene los llaneros, encabezados por Boves, su caudillo” (p. 206).

El paso de Boves y su ejército por las principales ciudades centrales de Venezuela, para culminar con los saqueos y asesinatos de Cumaná, ha sido frecuentemente relatado a partir tanto de los que dejan testimonio presencial de los mismos, como de su vicario José de las Llamosas. Llama la atención como es recurrente la afirmación de que dentro de su tropa permite toda clase de libertades, siendo ésta un espacio de real democracia, en el cual reivindica a los soldados sin distinciones de castas, obteniendo cargos oficiales tanto pardos como negros (Uslar Pietri, 2010, p. 106), este ejercicio del poder por parte del caudillo se expresaba en su propia personalidad, la cual consiste en una profunda y sincera simpatía entre sus soldados y él, con los cuales se relacionaba como iguales, sin por ello dejar de imponer el respeto necesario en un ejército de este tipo. Francisco Tomás Morales nos afirma que “sus soldados le adoraban y le temían y entraban en las acciones con confianza de que su valor y denuedo había de sacarlos victoriosos” (citado por Uslar Pietri, 2010, p. 107)[8].

Esta manera como se relaciona Boves con sus soldados es digna de un análisis detallado que no tengo tiempo de hacer, pero que merece especial atención en cuanto a la conglomeración de hombres con el sólo deseo de la venganza y el saqueo, que no se acopló al lenguaje de los criollos independentistas acusado de abstracto y romántico, sino que se ajustó a una realidad social latente (p. 109).

Dejo aquí el bando de Guayabal en su totalidad, documento objeto de especulaciones diversas en cuanto a los deseos y objetivos de Boves y sus rebeldes.

Circular

Don José Tomás Boves, comandante en Jefe del Ejército de Barlovento, etcétera.

Por la presente doy comisión al capitán José Rufino Torrealva para que pueda reunir cuanta gente sea útil para el servicio, y puesto a la cabeza de ellos pueda perseguir a todo traidor y castigarlo con el último suplicio; en la inteligencia que sólo un creo (sic) se le dará para que encomiende su alma al Creador, previendo que los intereses que se recojan de estos traidores serán repartidos entre los soldados que defiendan la justa y santa causa, y el mérito a que cada individuo se haga acreedor será recomendado al señor Capitán Comandante General de la Provincia. Y pido y encargo a los comandantes de las tropas del rey le auxilien en todo lo que sea necesario.

Cuartel General del Guayabal, noviembre 1º de 1813

José Tomás Boves (Uslar Pietri, 2010, p. 113. Subrayado mío).[9]

El miedo generado por el ejército de Boves y las reacciones ante éste toca directamente a los líderes españoles que apoyan la causa realista, lo que hace entender que éstos no controlan a ese grupo de soldados pardos y negros que les están entregando la victoria a unos costos muy altos. Hecho que se evidencia incluso en las pretensiones fallidas de pacto entre los españoles y los patriotas detrás de la cual está la amenaza que representan los negros alzados. Amenaza que van a seguir presentando ya sin líder después de la muerte de Boves, cosa que advierte Llamosas pidiendo a España que envíe un contingente lo suficientemente grande como para desarmar a los negros y eliminar la milicias de pardos (Ibíd. p. 114-115).

Esta interpretación de los hechos acaecidos durante el período que va desde 1813 a 1814 de nuestra lucha independentista, le permite a Uslar Pietri afirmar que:

En realidad, esta lucha de razas era una sublimación de la lucha de clases, pues los blancos eran los poseedores de todas la riquezas de Venezuela, y los negros y pardos, los “parias” de esa organización social. Inconscientemente, en su lucha contra los blancos, aquellos hombres no hacían otra cosa que acabar con los propietarios.

Y más adelante:

En Venezuela se derramó más sangre en aquel año que en toda la Revolución Francesa. Ningún pueblo ha conocido lucha de clases de esa magnitud… (pp. 112 y 117).

Evidentemente es necesario hacer una revisión crítica de las afirmaciones en cuanto al carácter de clases y revolucionaria de esa lucha. Creo que si bien no se pueden distinguir objetivos claros de clase, como la toma del poder o una concreta política agraria, eso no impide pensar que en sí misma esa guerra y su forma, expresa la compleja y opresiva estructura de castas propia de la época colonial, que tiene en la guerra criolla por la independencia un detonante fundamental. No se distingue detrás de ella un claro objetivo revolucionario, y más bien el ejercito de Boves permite que los realistas cumplan objetivos específicos, en tanto que se derrota al ejército patriota aplastantemente. No existiendo una capacidad organizativa que permitiera expresar los anhelos de las castas en políticas concretas, la lucha se diluye en acciones producto del desprecio racial, como antes se ha afirmado.

Por otro lado no existe evidencia concreta de una política de exterminio de todos los blancos, ya que fuera de los discursos incendiarios y algunos testimonios impregnados de un subjetivo racismo, “Boves se entiende de las mil maravillas con los blancos españoles y con los criollos y oligarcas” (Acosta, 1810, p. 220). No hay tampoco claridad en cuanto a la existencia de una lucha abierta y sistemática contra la esclavitud, ni contra la oligarquía terrateniente realista.

Pese a ello no deja de plantearse que la manera como se ha tratado el tema ha consistido:

En una lectura sesgada y simplista que deja de lado o ignora toda la dimensión social y toda posible propuesta revolucionaria presente o implícita en su lucha, la historia oficial republicana reduce a Boves a la condición de mero jefe de bandidos, asesino, sádico, autor de crímenes espantosos, y para colmo realista y reaccionario (p. 218).

En todo caso me corresponde comprender el período en la justa dimensión de las acciones, sin por ello pretender una objetividad histórica simplista, que impida acercarse a los fenómenos más filosófica y sociológicamente. Es desde ahí desde donde emana la imagen de un Boves que más que un justo revolucionario, configura la imagen del “primer caudillo popular de Venezuela”, extendiéndose esta afirmación hasta “el primer jefe de la democracia venezolana” (Acosta, 2010, p. 218).

5.

            Germán Carrera Damas en su libro “Boves, aspectos socioeconómicos de la guerra de independencia” se dedica a hacer una revisión documental que tiene por objetivo comprobar las infundadas ideas sobre las que se ha construido la imagen de Boves, especialmente aquella que lo aclama como un redistribuidor de la propiedad.

Esencialmente el trabajo forma parte de un estudio más completo sobre economía que se titula “materiales para el estudio de la cuestión agraria en Venezuela”, razón por la cual el libro en su totalidad se refiere a el tema de la propiedad. Me interesa comentar para mi análisis las conclusiones del autor y algunas críticas que hace a la manera como se ha tratado el tema de Boves, y particularmente de la guerra de independencia en el período que estoy estudiando.

Principalmente para el año 1968 en el cual se hace la primera edición del libro, es de vital importancia la construcción de una historiografía que se acerque con mayor seriedad a los hechos históricos desde el uso preciso de documentos de la época. Es por esta razón que el acercamiento que hace Carrera es desde esta perspectiva, buscando presentar un Boves alejado de los mitos y las pretensiones de la historia oficial.

El primer punto con el que concluye el autor consiste en precisar la necesidad de despejar la visión de un Boves vándalo que procede del establecimiento de una dicotomía bueno-malo, bien-mal, que responde a un sentido religioso con el que se ha interpretado la historia posteriormente al  establecimiento de  la república, porque al contrario de esta visión el caudillo realista “hubo de adaptarse a las condiciones económicas y hacendarias generales de la guerra, al mismo tiempo debió ofrecer alguna respuesta a tensiones sociales innegables” (Carrera Damas, 1972, p. 248).

Esta conclusión se genera luego de que a partir de una revisión documental se pudiera contrastar que el fenómeno del saqueo se dio casi de igual manera en realistas y patriotas, dedicándole Carrera un apartado a los saqueos patriotas, afirmando que son las condiciones de la guerra en sí misma las que conducen a ciertos comportamientos de los ejércitos. Aún así no se puede evitar destacar que las actuaciones de los patriotas fueron menos violentas que las de los ejércitos de Boves.

Un segundo punto considerado de mayor importancia para el autor ya que es el principal objeto de su estudio, es la relación entre Boves y la propiedad. Centrado el análisis en quienes (como Uslar Pietri) pretenden construir una imagen de un Boves repartidor de la propiedad y de la tierra, sustentándose dicha construcción en “El bando de Guayabal” antes colocado, se dirige la crítica entonces a algunas pretensiones de la historiografía marxista de construir un Boves “héroe revolucionario” (Ibíd, p. 249.).

Como conclusión al tratamiento de este segundo tema Carrera afirma que el forma que se le ha dado ha sido inadecuado, tanto en lo que corresponde a metodología, como al uso de documentos, ya que ante la ausencia de documentos suficientes que puedan sustentar la afirmada visión del “Boves agrarista” más bien aparecen documentos que nos muestran un Boves que protege la propiedad, los cuales no son tampoco suficientes, pero si generan un análisis contradictorio, resultando exagerado afirmar cosas opuestas con respecto a este punto (ibíd.).

Con respecto a lo que corresponde directamente a las políticas agrarias, se hace una revisión de la estructura social de los llanos venezolanos, llegándose a la conclusión que ante la ausencia de documentos que muestren políticas destinadas a la repartición de la tierra, aparece más bien el fenómeno del robo de ganado, ya que este si era “símbolo social de riqueza” para los llaneros, provenientes de un territorio donde la propiedad de la tierra no estaba establecida claramente (Ibíd. p. 250)

Finalmente concluye Carrera planteando que:

…la acción de José Tomás Boves en el orden económico-social, en el sector estudiado por nosotros, no difiere básicamente de la actuación de jefes militares que le precedieron, le acompañaron o lo sucedieron, como amigos o enemigos –exceptuando a Bolívar en lo tocante a su política de repartición de bienes nacionales en pago de haberes-, en vista de que esta acción constituyó tan sólo una adecuación a condiciones objetivas de valor determinante general (Ibíd. p. 251).

Considero que si bien el trabajo de Carrera Damas permite presentar una revisión documental de un hecho histórico, tan complejo como lo fue la guerra de independencia en el período estudiado, termina siendo insuficiente por si solo para acercarse a las dimensiones sociales del hecho. Hacer depender todo un proceso social del análisis de la acciones del caudillo, termina por acoplarse a una visión caudillesca de la forma como se comportan las masas. Las dimensiones sociales y filosóficas de un fenómeno de este tipo pese a que se sustentan en la historiografía, pueden superar algunas limitaciones de ésta[10].

6

            Voy a comentar ahora alguno de los argumentos centrales que con respecto a este tema podemos encontrar en Vallenilla Lanz. El planteamiento raíz con el que inicia la compilación titulada “Cesarismo Democrático” es el siguiente:

Nuestra guerra de independencia tuvo una doble orientación pues, a tiempo que se rompían los lazos políticos que nos unían con la madre patria, comenzó a realizarse en el seno del organismo colonial una evolución liberadora en cuyo trabajo hemos consumido toda una centuria (…) (Vallenilla Lanz, 1999, p. 20)

Vallenilla hace este planteamiento a comienzos del siglo pasado, cuando sabe que es un reto a la historiografía tradicional, afirmar la condición endógena de una guerra, donde tradicionalmente se ha hecho creer que ésta se dio con claridad entre bandos. Sabe la importancia de lo que dice, razón por la que enseguida argumenta que si se ve la guerra como una lucha entre hermanos, los  guerreros de ésta cobran más valor.

El argumento principal consiste en que veamos la guerra de independencia como una guerra intestina, como una guerra civil. Para nosotros no es una novedad porque venimos mostrando autores que afirman lo mismo, e incluso con un aval documental mayor que el de Vallenilla, pero para el momento en el que éste lo dijo fue de gran importancia para la comprensión de las dimensiones internas de la lucha por la independencia. No me dedicaré en este punto a redundar, más bien voy a enunciar algunas ideas de Vallenilla que considero son fundamentales y los otros autores tratados no tocan, o por lo menos no lo hacen en el mismo sentido.

En la cita anterior se puede apreciar que el autor está claro en la importancia de la guerra de independencia vista como un fenómeno social interno, sabe de las implicaciones que tuvo el fenómeno de la guerra de castas para la conformación social del país. Y me importa recalcar esto porque dimensiona dos aspectos de los objetivos de la guerra; la ruptura con España, considerado el hecho independentista, y lo que llama “evolución liberadora” a lo interno de la sociedad colonial, que dentro de nuestro esquema conceptual podríamos concebir como el fin emancipatorio, siendo aclarado por el autor que dicho fenómeno no ha terminado.

Destaca más adelante que no se había tomado consciencia hasta ese momento de la trascendencia del fenómeno social que representó la guerra civil, la cual terminó cambiando todo el desarrollo histórico nacional,  afirma y mantiene un argumento cercano al que esbocé con anterioridad al hablar de Estados Unidos y su modelo independentista; si hubiésemos tenido un conflicto homogéneo configurado desde dos bandos claros, venezolanos-españoles, la independencia hubiese sido como la de Norte América, significando que no se hubiesen trastocado la estructuras sociales de castas colonial, permitiendo la permanencia de una élite criolla dispuesta al desarrollo y a mantener la estabilidad social[11] (Vallenilla Lanz, 1999, p.25).

Sucede que todo este fenómeno transforma la sociedad colonial y determina las condiciones futuras de la sociedad republicana:

Porque Venezuela ganó en gloria lo que perdió en elementos de reorganización social, en tranquilidad futura y en progreso moral y material efectivos. Nosotros dimos a la independencia de América todo lo que tuvimos de grande: la flor de nuestra sociedad sucumbió bajo la cuchilla de la barbarie, y de la clase alta y noble que produjo a Simón Bolívar no quedaba después de Carabobo sino unos despojos vivientes (…) (Ibíd.)

Vallenilla le dará a nuestra guerra civil y de independencia, en su carácter de lucha de castas un papel tan preponderante en la historia de Venezuela, que llega a ubicarla como la primera de una serie de “contiendas civiles” que caracterizaron el siglo XIX. Asignándole un papel fundamental en la formación de dos bandos políticos que han hecho uso indiscriminado de los elementos que motivaron la rebelión (p. 34)

Y comprende las dimensiones del hecho un Vallenilla que sabe que detrás de las consignas a favor del rey vienen velados un grupo de intereses y pasiones, que nada o poco tienen que ver con la consigna misma, y que son los que movilizan a las masas en sus posteriores alzamientos (p. 22).

Hay un último punto que me interesa destacar dentro del desarrollo argumentativo del autor, y es el del carácter civil de la guerra de independencia  en su totalidad temporal. Tanto Acosta como Uslar Pietri mantienen que el apoyo popular masivo a la causa realista se da entre 1813 y 1814 culminando en 1815[12],  y que es a partir de esta última fecha donde propiamente se puede hablar de una guerra internacional en la medida en que llegan las tropas de Morillo, siendo así, se podría hablar de guerra civil propiamente en el primer período  anterior a la llegada de la expedición española.

Pero Vallenilla mantiene que la guerra de independencia se sostiene desde una doble condición de guerra internacional y guerra civil durante toda su duración, enfatizando su carácter intestino. Esto porque prácticamente Morillo viene a apoyar y fortalecer los ejércitos que ya se encuentran aquí y que no son propiamente españoles, afirmando el autor que la condición que le permiten al ejército español mantener la guerra hasta la batalla de Carabobo es la presencia de “venezolanos” en sus tropas, y que no es hasta que estos empiezan a desertar masivamente que la balanza se inclina irremediablemente hacia el bando patriota (Vallenilla Lanz, 1999, pp. 28-31). Cabe destacar también que se hace alusión a las guerrillas realistas que permanecen hasta entrado el año 1830 apoyadas por nacionales.

7

            De manera extensa he ido mostrando la complejidad del proceso independentista en su totalidad, pero especialmente del período que va desde 1813 a 1814, en el que con la campaña admirable y la conquista de caracas por Bolívar se despiertan el más profundo problema de la época colonial, la división social en castas. La guerra a muerte y la constitución de los ejércitos realistas bajo el mando de José Tomás Boves “el taita” no son más que productos -entre muchas otras cosas- de una crisis generada en el seno de una sociedad determinada por los odios raciales y de clase.

La importancia que va a tener este período para la independencia es fundamental, ya que marca una brecha decisiva entre las circunstancias e ideas que rodearon a la declaración de la independencia y el nacimiento de la constitución de 1811, así como a todo el proceso de lucha independentista que se da a partir de 1816 cuando entran en la escena desde el lado patriota los ejércitos llaneros al mando de Páez, los mismos que en su constitución lucharon del lado del Boves realista en el año 1814. Entendiéndose así, es válida la afirmación de que sin esta cruenta lucha social, con la que se sacan a la luz los odios producto de una estructura opresiva colonial, no hubiéramos  logrado la independencia como la logramos. De modo que el fenómeno estudiado determina las características intrínsecas de las luchas de la América española, especialmente de Venezuela, a la cual llega a diferenciarla de otros procesos  de la propia América. Y las determina porque como es reconocido por todos los autores estudiados, se produce un intenso proceso de igualación social, desde donde al menos en el plano espiritual, las capas más bajas de la vieja sociedad colonial expresan claramente sus deseos y sus pasiones. Y bien sea para constituirnos en una sociedad con menos desarrollo que las otras, como afirma Vallenilla, o sea para despertar un  profundo sentido democrático, como lo enuncia Juan Uslar Pietri, esta etapa de nuestra historia nos constituye como sociedad y marca el inicio de una cantidad innumerable de luchas que con el mismo fondo movieron los cimientos de la Venezuela del siglo XIX.

No podemos pensar que la influencia directa de estos fenómenos es nada más sobre el ya aislado siglo XIX, sino que creo corresponde estudiar la influencia directa que se ejerce sobre el imaginario social de la Venezuela actual, donde tanto los temas –en el plano teórico- como las banderas –en el plano político práctico- parecen estar más vivos que nunca. Quedan fenómenos por estudiar como el papel del líder y en este caso el nacimiento de la figura tan determinante en nuestra historia como es la del “caudillo”, así como la del “pueblo” que lo sigue causando “terror” en las capas “civilizadas” de la sociedad venezolana.

Es en este sentido que creo que desempolvar los conceptos de independencia y emancipación, a fin de hacer una seria revisión de sus contenidos, pasa por acercarnos mejor a este período, donde ambos conceptos parecen no fundirse en un proyecto único, si no que constituyen objetivos expresados en una lucha antitética. Verlos así permite comprender entonces la influencia que tiene su uso en la política actual, porque rescata para la actualidad el papel de una independencia que algunos hoy en día califican de “inconclusa”[13].

No quiero terminar sin calificar el carácter filosófico de una discusión de este tipo. Creo firmemente que el discurso histórico resultado de un tratamiento problemático filosófico es uno de los productos directos de una investigación. El acercamiento que se hace, desde el cual se determinan los problemas, resulta el elemento fundamentalmente filosófico, como se da por ejemplo con la revisión conceptual y de ideas que se manejan en un momento determinado. Dicho acercamiento al hacer uso de la historiografía, sin limitarse a ésta como dije antes, produce un discurso histórico con contenido filosófico, que si no se da puede resultar un signo de alerta que nos lleve a revisar nuestra metodología y contenido de trabajo.

Bibliografía citada.

–      Acosta, V. 2010.  Independencia y Emancipación, élites y pueblo en los procesos independentistas hispanoamericanos. Caracas: CELARG.

–      Carrera Damas, G. 1972. Boves, aspectos socioeconómicos de la guerra de independencia. Caracas: Ediciones de la Biblioteca, Universidad Central de Venezuela.

–      Uslar Pietri, J. 2010. La historia de la rebelión popular de 1814. Caracas: Monte Ávila Editores.

–      Vallenilla Lanz, L. 1999. Cesarismo Democrático. Caracas: Libros de El Nacional.

Otra bibliografía consultada.

–      Acosta Saignes, M. 202. Dialéctica del libertador. Caracas: Ediciones de la biblioteca-Universidad Central de Venezuela.

–      Britto García, L. 2010. El pensamiento del Libertador: Economía y Sociedad. Caracas: Banco Central de Venezuela.

–      Carrera Damas, G. 1992. Simón Bolívar Fundamental. Tomo II. Caracas: Monte Avila editores.

–      Dussel, E. 2007. 20 Tesis de política. Caracas: Fundación editorial el perro y la rana.

–      Grases, p (comp.) (2010). Pensamiento político de la emancipación venezolana. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

–      Pino Iturrieta, E. 2007. La mentalidad venezolana de la emancipación. Caracas: bid & co. Editor.

–      Vaamonde, G. 2008. Diario de una rebelión (Venezuela, Hispanoamérica y España). Caracas: Fundación empresas polar.


[1]  Vladimir Acosta, Independencia y Emancipación. Texto publicado en 2010 y merecedor de una distinción como obra destacada en el premio internacional de investigación sobre la emancipación. En este el autor aborda los inicios de las independencias en la América Hispana, tomando como perspectiva de acercamiento la diferencia entre independencia y emancipación. En la última parte del libro dedica una apartado a la lucha popular en Venezuela.

[2] Juan Uslar Pietri publica en 1953 su libro “La historia de la rebelión popular de 1814”, en el cual haciendo uso de algunas categorías de corte marxista se acerca al período histórico comprendido desde el 19 de abril de 1810 hasta la llegada de Morillo en 1815 con un gran ejército español. Pretende establecer un análisis sobre las características de clase que componen la guerra del año 1814, intentando determinar el sentido revolucionario de la misma.

[3]  Laureano Vallenilla Lanz en sus conocidos ensayos recopilados bajo el título de “Cesarismo Democrático” hace un análisis caracterizado por su interés y formación dentro del positivismo, desde el cual ilustra la guerra que se da entre los años 1813 y 1815, afirmando que es de absoluta importancia para comprender el desenvolvimiento de la historia Venezolana, poniendo especial atención a lo que él llama el estudio de la “psicología de la masa popular”.

[4] Hago uso del concepto de hegemonía en el sentido en el que lo expresa Dussel en sus 20 tesis de política “Hegemónica sería una demanda (o la estructura coherente de un grupo de demandas) que logra unificar en una propuesta más global todas las reivindicaciones, o al menos las más urgentes para todos” (p. 57). En el caso concreto de la lucha independentista dicha hegemonía desaparece cuando al fundarse la república las demandas populares no son satisfechas.

[5] Coloco las partes más llamativas del discurso de Juan Uslar Pietri por su ligereza y efervescencia ya que me permiten llamar la atención sobre las dimensiones que presenta la discusión y lo que se permite decir sobre ella.

[6] Para un estudio detallado de los hechos que llevan a la aparición de la junta, así como de sus acciones, recomiendo la revisión de la recién editada compilación de textos de ese período titulada “Diario de una rebelión”, trabajo realizado por Gustavo Adolfo Vaamonde (ver bibliografía).

[7] No quiero decir que exista una relación directa entre las rebeliones de inicios del proceso de independencia y estos movimientos, pero sí creo que determinaron la forma en la que los blancos en general veían los alzamientos de esclavos.

[8]Cita extraída por Uslar del texto de Antonio Rodríguez Villa “El teniente don Pablo Morillo”, 1912, p. 92.

[9] Citado por Uslar de los “Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia. Publicados por disposición del Ilustre Americano general Guzmán Blanco, etcétera. Imprenta de La opinión Nacional, de Fausto Teodoro de Aldrey, Caracas, 1876, Tomo I, p. 271.

[10] Recomiendo seriamente la lectura del trabajo de Carrera Damas (ya que no me he podido detener detalladamente en las ideas expresadas y su forma de exposición) especialmente a lo que se atiene su crítica a las visiones que sobre los hechos estudiados da Laureano Vallenilla Lanz en las páginas 187, 205 y 229.

[11] Es notable que en los textos Vallenilla hace afirmaciones propias del positivismo. Al mismo tiempo que en una misma página de un párrafo a otro ataca al ejército  realista de Boves para luego alagar al ejército patriota de Páez sabiéndose que en esencia es el mismo.

[12] Acosta enfatiza el paso de los llaneros al bando patriota, destacando las medidas de corte popular tomadas por Bolívar (2010, p 228-231). Uslar Pietri Llega a afirmar que con la llegada de Morillo es cuando “La verdadera lucha de independencia va a comenzar” (2010, p. 227), comentando después la transformación en la personalidad de Bolívar y su relación con una tropa conformada por sectores populares.

[13] Entrecomillo aquellas palabras detrás de las cuales hay contenidos y planteamientos distintos, dejándolas abiertas como materia para futuras investigaciones.

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Reverón: La película. Un homenaje al cuerpo

Lo primero que te encuentras cuando empieza Reverón son los cuerpos, razón por la que considero esta obra como un canto al cuerpo. Los primeros diez minutos de la película se desarrollan a través del gesto y el lenguaje hablado no se muestra necesario para expresar el encuentro mágico entre dos seres que se acompañarán el resto de sus vidas. La película será impactada por estos diez minutos, en ella sólo lo necesario se expresará en palabras, será recorrida por la sencillez hermosa  de una Juanita que ama desde lo más profundo de la tierra, junto a la complicada mente de un Armando que a través de la danza y la profunda mirada de quién como nadie supo captar la luz, nos muestra como se sumerge en ese “maremoto” en el que se convierte su mente.

La película sumerge al público en una dinámica de risa y llanto, que lo convulsiona a tal punto que al finalizar te paraliza buscando entender y al mismo tiempo poniendo en orden tus sentimientos. La sala será convertida en un teatro donde te encontrarás de todo, desde aquel que no comprende la locura y sólo la ve risible junto al periodista que la ve como un objeto de estudio, hasta el intelectual que se identifica con el personaje. Pero entre estos se presentará también aquel que acosado por sus demonios vendrá a buscar en Reverón respuestas y comprensión de sí mismo, parece colocado por los creadores de la cinta para generar ambiente con su risa estridente, sus intempestivos aplausos y comentarios a todo gañote.

Finalmente es una obra que te hace sentir la vida en el cuerpo y más allá de las palabras.

Los locos son peligrosos porque cuando construyen su mundo nos muestran lo falsa y pobre que es la realidad en la que vivimos los cuerdos.

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Marxismo, Estado y Nacionalidades

La comprensión marxista Del Estado

Fundamentalmente hay que empezar por comprender lo que advierte de lleno Ted Grant, “el marxismo se basa en una visión científica de la sociedad (…) explica que la clave del desarrollo de cualquier sociedad es el desarrollo de las fuerzas productivas”(Grant), de modo que la gran diferencia con los utopistas, está en que estos van a considerar el asunto del socialismo desde el punto de vista moral, mientras que Marx y Engels van a considerar que forma parte esencial de la sociedad, de manera que forma parte integral del desarrollo histórico.

De este modo desde una comprensión científica de las fuerzas productivas, la historia del Estado viene determinada por la comprensión de éste como “instrumento de dominación de clase”(ibíd.), de manera que nace cuando la sociedad se divide en clase. Siendo que “en circunstancias normales, el Estado sirve a los intereses de la clase dominante”(ibíd.). Así, iniciará Marx el manifiesto comunista expresando: “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.”(Marx, p 30)

Quedando claros estos puntos preliminares, procederé a analizar la conferencia pronunciada por Lenin en la Universidad de Svrdlov, que lleva por título Sobre el Estado.

 Considera el líder soviético que “el problema del Estado es uno de los más complicados y difíciles, tal vez aquel en el que más confusión sembraron los eruditos, escritores y filósofos burgueses”(Lenin 1929, p 1), de manera que el asunto requiere una profunda revisión. Sin duda, el análisis de Lenin viene determinado ya para su época, no sólo por la teoría marxista sino por una práctica en el manejo del propio Estado Soviético. Empieza el autor desechando ciertas elaboraciones teóricas respecto al tema que provienen de supercherías religiosas, las cuales proclaman el carácter divino del Estado, haciéndolo externo a los hombres. Afirma, que “la teoría del Estado sirve para justificar los privilegios sociales, la existencia de la explotación, la existencia del ismo, razón por la cual sería el mayor de los errores esperar imparcialidad en este problema”(p. 2), de manera que no sólo es un instrumento de dominación, sino también las elaboraciones teóricas respecto al.

Procediendo a hacer una mirada a la historia del Estado el autor muestra puntos de gran importancia, que destacaré a continuación. Afirma “hay que tener presente, ante todo, que no siempre existió el Estado.”(ibíd., p3). Siendo así, la organización social no está ligada a su aparición. Es como antes había acotado, con el surgimiento de la división de clases que aparece el Estado, es decir “cuando aparecen los explotadores y explotados.”(ibíd.) Se hace referencia directa a una sociedad patriarcal en las que las familias vivían en clanes.

El Estado va a ser definido como “el aparato para el empleo sistemático de la fuerza y el sometimiento del pueblo por la fuerza”.(Lenin 1929, p 4). Se entiende que funciona a partir de la división de clases, y además es el aparato con el cual una clase, la dominante, mantiene el poder; haciendo uso de la violencia. Produce que los individuos de esa clase “dispongan sistemáticamente y permanentemente de cierto aparato de coerción.”(p. 4). Siendo así, este Estado aparato (instrumento) de coerción, es extrínseco a la sociedad misma, y responde a los intereses de este grupo dominante minoritario, el cual está por encima de la propia sociedad. Precisamente al colocarse por encima, necesita un instrumento para dominar, y mantener su fuerza.

Aparece entonces la primera división de clases que se constituye sobre la base de la esclavitud, y la división entre esclavistas y esclavos. En esta sociedad dividida, la clase dominante no sólo tiene los instrumentos para la producción, como la tierra y las herramientas, sino que posee al hombre. El proceso de división de clases evolucionó hasta la servidumbre, en la cual no solo existe la tenencia de esclavos, sino que aparece la figura del siervo, al que se le otorga cierta libertad para desarrollarse. Por supuesto que luego con la aparición del comercio desarrollado y del mercado mundial, aparece una nueva  clase dominante dentro de la propia sociedad feudal. Esta clase produce revoluciones en todo el mundo, desplazando al feudalismo. La división de clases en esta sociedad se da cuando:

“Los dueños del , los dueños de la tierra y los dueños de las fábricas constituían y siguen constituyendo (…) una insignificante minoría de la población, que gobierna totalmente el trabajo de todo el pueblo, y, por consiguiente, gobierna, oprime y explota a toda la masa de trabajadores asalariados, que se ganan la vida en el proceso de producción, sólo vendiendo su mano de obra, su fuerza de trabajo.”( p. 5)

Surgirá como instrumento de dominación y mantenimiento de los intereses de la clase dominante, cada vez que cambia el sistema económico, en esos tres momentos la esclavitud, el feudalismo y el ismo, ha aparecido un Estado. Entendiéndolo así, éste no se mantiene y cambia su configuración, cada vez que cambia el sistema de división de clases aparece el Estado, “aparato de generación de violencia”. Esta violencia viene dada por herramientas variadas que han ido evolucionando, pero la ejecución en sí misma de la violencia coercitiva se mantiene con el tiempo. Ya que “donde quiera que existió un Estado, existió en cada sociedad, un grupo de personas que gobernaban, mandaban, dominaban, y que, para conservar su poder, disponían de un aparato de coerción física, de un aparato de violencia, con las armas que correspondían al nivel técnico de cada época dada.”(p. 6).

Los sistemas de gobierno pueden cambiar, pero las características del Estado estarán presentes, desde la monarquía hasta la democracia. No es igual el sistema de gobierno al sistema económico de división de clases, de modo que mientras existe una democracia como la griega, al mantener un sistema esclavista, necesita de un Estado que funcione como aparato de clase. Porque “a pesar de estas diferencias (las de tipo de gobierno), el Estado de la época esclavista era un Estado esclavista, ya se tratara de una monarquía o de una república, aristocracia o democracia.”(p. 7)

La sociedad ista reorganiza el sistema al punto que pretende, que todos los ciudadanos parezcan iguales, desapareciendo las divisiones anteriores. De modo que iguala a los hombres, concediéndoles como propiedad su fuerza de trabajo. Pero esa igualdad al estar fundada sobre la propiedad tiende a ser falsa, porque de nuevo el Estado se convierte en un aparato que “protege la propiedad de los que la tienen, contra los ataques de las masas que, al no poseer ninguna propiedad, al no poseer más que su fuerza de trabajo, se empobrecen y arruinan poco a poco y se convierten en proletarios.”(ibíd. p 10) Esta falsa libertad es el fundamento del Estado ista, ya que pretenderá expresarse como la voluntad de todo el pueblo  y “se niega a ser un Estado de clase.” De manera que la teoría marxista expuesta por Lenin se pregunta por el carácter de clase del Estado ista, cuestionando que sea la “expresión de la voluntad popular”. Esta discusión formará parte de la propia vivencia de las Repúblicas Soviéticas y sus cuestionamientos. Afirmando Lenin que:

“Las formas de dominación del Estado pueden variar: el manifiesta su poder de un modo donde existe una forma y de otro donde existe otra forma, pero el poder está siempre, esencialmente, en manos del , ya sea que exista o no el voto restringido u otros derechos, ya sea que se trate de una república democrática o no; en realidad, cuanto más democrática es, más burda y cínica es la dominación del ismo. (…)     El , una vez que existe, domina la sociedad entera, ninguna república democrática, ningún derecho electoral pueden cambiar la esencia del asunto.”

De este modo reafirma las características del Estado y su papel como aparato de dominación en la división de clases, no importando sustancialmente las formas bajo las cuales de genere. Pero sin embargo seguidamente, reconoce como un progreso para la humanidad asuntos como el sufragio universal y la república democrática, ya que permitieron movilizar y organizar al proletariado. De manera que toda forma de gobierno que mantenga las divisiones de clases y la explotación, generará un Estado que es una máquina que reprime a los otros.

El Estado en manos de la clase Revolucionaria.

Luego de señalado su carácter de clase, Lenin afirma que “debemos poner esta máquina en manos de la clase que habrá de derrocar el poder del ”(Lenin 1929, p 13) De manera que sigue siendo el Estado un instrumento, pero que debe dejar de estar en manos de la clase minoritaria dominante.

“Nosotros hemos arrancado a los istas esta máquina y nos hemos apoderado de ella. Utilizaremos esa máquina, o garrote, para liquidar toda explotación; y cuando toda posibilidad de explotación haya desaparecido del mundo, cuando no haya propietarios de tierras, ni propietarios de fábricas, y cuando no exista ya una situación en la que unos están saciados mientras otros padecen hambre, sólo cuando haya desaparecido por completo la posibilidad de esto, regalaremos esta máquina a la basura. Entonces no existirá Estado ni explotación.”(ídem)

Queda claro pues que la toma del aparato será necesaria para eliminar por medio del todo tipo de explotación, eliminando así el germen de su propio origen, la división de clases. Al respecto Grant dirá “un nuevo Estado obrero, a diferencia de los anteriores, no trata de aplastar a la mayoría de la población, sino solamente mantener bajo control un puñado de ex istas y ex terratenientes.”(Grant)  Su aparato control sigue existiendo, y de hecho es claro que se usará contra los que mantenían el control antes, pero, afirma Grant que éste se ha convertido en un semi-Estado ya que no necesita su gran maquinaria, para controlar a este pequeño grupo de personas, porque preserva los intereses de la mayoría. Y en la medida en que surte efecto su objetivo y “se van eliminando las clases y la desigualdad” empieza a disolverse en la gente, si de hecho sigue existiendo la maquinaria de represión, el carácter de transicional del Estado lo hace que deje de ser tal. Para que sea posible se han de desarrollar las condiciones materiales, que permitan eliminar las necesidades a partir de garantizar el acceso a los bienes. De modo que este tipo de Estado, debe hacer crecer exponencialmente la producción, siendo así, se mantiene el trabajo asalariado, según el trabajo desarrollado. Se mantendrá la desigualdad a medias, ya que se disminuirá la distancia entre salarios, más ésta tendrá que seguir existiendo en los inicios del Estado obrero. Así para Grant el Estado asume un carácter dual “socialista en la medida en que defiende las relaciones de propiedad nacionalizadas y burgués en la medida en que la distribución de bienes y servicios se realiza con los métodos istas del trabajo asalariado”(Grant). Pero la transformación se da cuando se elimina la explotación del hombre por el hombre, ya que la propiedad es de carácter social. De manera que ese carácter dual se expresa en el propio mantenimiento de ciertos aparatos de control del Estado, que se encargan de mantener esas desigualdades burguesas en función de objetivos a largo plazo. Esta existencia circunstancial y temporal del Estado obrero, se entiende con el objetivo de generar las condiciones materiales para la disolución del mismo; siendo un proceso profundamente contradictorio ya que dice Lenin citado por Grant “Mientras existe Estado, no hay libertad. Cuando haya libertad, no habrá Estado.”(ibíd.)

Aún de carácter obrero, el Estado sigue manteniendo su figura de opresión, sigue siendo un aparato de control, un instrumento de una clase, pero esta clase lo usa con el objetivo de hacerlo desaparecer.

El problema de las nacionalidades.

Luego de comprendido el carácter del Estado, es necesario plantear que tipo de comprensión tiene de él Marx y el marxismo en lo que respecta al Estado Nación. Cecilia Toledo dice en relación al tema que “no se puede hablar de una teoría definida, una doctrina marxista sobre la cuestión nacional.”(Toledo) Pero creo que más que Marx, es Lenin el que dilucida al respecto no sólo en forma teórica, sino que se toman decisiones importantes en la URSS.

Hay que empezar destacando que para Marx, el nacionalismo entorpece la solidaridad y el internacionalismo proletario. Llega a acusarlo directamente de ideología burguesa. Ya que era necesario anteponer los intereses como clase y no las particularidades como naciones. Porque “el proletariado solo puede existir en un plano histórico-mundial” de modo que las luchas nacionales de los proletarios deben superar el carácter local, para entenderse como una lucha de una clase oprimidas a nivel mundial. Hecho por el cual este tema no forma parte explícita de la obra del Filósofo, aunque se puedan mostrar todos sus comentarios respecto a las disputas nacionales de su época. Por esta razón creo que es Lenin el que viviendo una realidad inmediata, que pone en relieve la problemática, desde la teoría marxista, intentará dar respuesta al tema.

En “El derecho de las naciones a la autodeterminación” Lenin distingue dos épocas del ismo, una caracterizada por la quiebra del sistema feudal, y otra en la que aparece el Estado democrático-burgués, y que es propiamente la época de “los movimientos nacionales”. Comprendiendo y centrándose en las características concretas de los problemas de la nacionalidad, se establece la necesidad de reconocer la autodeterminación de las naciones, de modo que esta se interpreta en el sentido de la autodeterminación política “es decir, el derecho a la separación y a la formación de un Estado independiente.” De modo que de forma práctico-teórico ya están presentes aquí, las discusiones sobre el secesionismo y la autonomía.

Entendiendo que la monarquía zarista forjó un imperio, en cuyos límites  estaban diversas naciones que habían sido conquistadas, así como minorías nacionales de origen étnico. Para los líderes de la Revolución de octubre representará la cuestión nacional un tema esencial, ya que la monarquía se caracterizó por oprimir a estas naciones, por lo que los socialdemócratas piden que no se haga uso de las armas desde la nación dominante. Pero a los fines de las guerras internas, era necesario comprender que el enemigo común era el zarismo y los proletarios no se debían dejar llevar por los burgueses nacionales. Siendo claro que la discusión sobre la nacionalidad está marcada por la coyuntura específica, un planteamiento autonomista atenta directamente contra el internacionalismo proletario, sin embargo como veremos más delante de hecho se garantizó en este sentido la autodeterminación, aplicándose en varias ocasiones. El problema de la nacionalidad se entenderá desde la perspectiva de clase, razón por la cual se considerará la autodeterminación en función del carácter de clase de la lucha nacional.

En las tesis sobre el problema nacional, se expresa directamente que sobre la base del sufragio directo se podrá consultar la separación de una nación, y así la creación de un nuevo Estado. De manera que los socialdemócratas (de donde proviene Lenin) “reclaman que el problema de esa separación sea resuelto en forma exclusiva sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto de la población.”(Lenin 1969, p 118)

Exigen de manera directa igualdad de derechos de las nacionalidades, y entablarán una lucha contra “toda clase de privilegios de una o varias nacionalidades.”(Ibíd. p 120). Llegando a afirmar que:

“Todas las regiones del Estado que se distingan por las peculiaridades de vida o la composición nacional de la población deben gozar de amplia administración autónoma local y autonomía en las instituciones, basada en el sufragio universal, igual y secreto.”(Ibíd. p 121)

Es así que se plantean los problemas de las nacionalidades para Lenin, que sin dejar de pensar desde la necesidad del internacionalismo proletario, entiende las características de las naciones que integraron el Imperio Gran Ruso y que ahora pasan a formar parte del Estado Obrero Soviético.

Pasaré a mostrar las aplicaciones durante el mandato de Lenin, narradas por Grant.

“Se formaron naciones a partir de razas y tribus. Se inventaron (cuando no existían) o sustituyeron (si utilizaban la escritura aristocrática asiática) alfabetos para la mayoría de las lenguas habladas en la URSS. Cuarenta y ocho lenguas aparecieron en forma escrita por vez primera, incluidas las de los uzbekis, turmekos, kirguizes y karakalpakes de Asia Central. Lo mismo con los moldavos, chechenos e ingushes. En Bashkira se creó una lengua bashkir a partir del tártaro y fue declarada lengua oficial del Estado.En 1937, el 37,5% de los periódicos soviéticos se escribían en lenguas diferentes al ruso. Antes de 1917 no había escuelas que enseñasen en ucraniano o bieloruso, pero en 1927 más del 90% de la enseñanza en estas nacionalidades se daba en lengua materna.En 1918 aceptaron la separación de Finlandia y Polonia. En Estonia, Letonia y Lituania se reconocieron repúblicas soviéticas  independientes en 1918, pero fueron derrocadas con el apoyo de los británicos, tras lo que en 1920 fueron reconocidas repúblicas burguesas independientes.”(Grant)

La cuestión nacional ha sido entendida desde el marxismo de forma compleja y contextual, en su momento, parece haber dado ejemplo de lo que aún hoy en día se está discutiendo en otras latitudes con respecto al tema. Aún cuando el advenimiento de Stalin trajera el atraso respecto a muchas de estas políticas, las mismas quedan para la historia y su estudio.

Bibliografía.

  • Lenin, V.I. Sobre El Estado. Publicado en 1929 en Pravda, núm 15. Tomado de Biblioteca de textos marxistas: Marxist Internet Archive, 1 enero 2001.
  • Lenin, V.I. El Derecho de las naciones a la autodeterminación. Editorial Grijalbo. En colección 70. México, 1969.
  • Grant, Ted. Rusia, de la revolución a la contrarrevolución. Publicado por la Fundación Federico Engels. Tomado de la página www.tedgrant.org
  • Toledo, Cecilia. Los Marxistas y la cuestión nacional. Tomado de la página:

http://www.marxismo.info/spip.php/IMG/plugins/squelettes%20Modificados/%5B(id_article=271?debut_articles_recents=450

  • Marx, Karl. El manifiesto comunista. Editorial Progreso, Moscú. Sin fecha.

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La escuela de filosofía y sus miembros

Compañeros escribí esto a modo de reflexión respecto a nuestra escuela de filosofía y a nuestro papel en ella.

De parte de la administración de la escuela se está como en una cápsula del tiempo, no es consciente del momento histórico y como tal digamos no asume ninguna relación con la realidad. Ni siquiera vemos artículos en los periódicos, críticas o algo que haga pensar que están interesados en el mundo.
Tanto es así que la escuela lo más reciente que está a nivel filosófico son los autores y problemas de los años 50. No se comentan los nuevos libros que se escriben, nada se publica sobre los autores que han visitado recientemente Venezuela; ni siquiera para contradecirlos, nada. Por ejemplo la feria del libro de este año está dedicada al filósofo venezolano Briceño Guerrero y la escuela seguro no lo sabe ni lo sabrá. A finales de este mes viene Enrique Dussel un filósofo mexicano experto en ética, ontología y política; con un planteamiento propio. Estas cosas la escuela las pasa por alto, no se saben, en este año vino Atilio Borón acompañado de Fernando Buen Abad. Que son autores políticos, bueno de acuerdo, pero su obra tiene diversas temáticas que pueden ser debatidas, y de hecho son la viva demostración de un filósofo que se compromete que opina, que viaja e interviene en la realidad. Pero los espacios académicos de nuestra escuela no han servido ni para criticarlos o hacerles frente y demostrar que también nuestros académicos son capaces de dar la talla frente al mundo.

Actualmente yo me encuentro inventariando todo el archivo personal de Ludovico Silva el cual estará en el Archivo General de la Nación y es triste que un filósofo que escribió más de 35 libros y que en la actualidad tiene ya casi 50 publicados, no sea tomado en cuenta para nada por nuestra escuela. En nuestra escuela nadie dice nada nuevo, los profesores no pasan de la exégesis y sobre esta se publican 1 libro cada dos años de varios profesores, estos no están escribiendo, ni en los periódicos, ni en las revistas ni sus propias publicaciones. De manera que no es extraño que la escuela esté como está.

Los estudiantes debemos salir a la calle a encontrarnos con la filosofía todos los días, en la escuela adquiriremos las herramientas para pensar, pero los elemento más importantes del pensamiento; la realidad y el mundo están afuera. Los estudiantes organizados deben meter la realidad así sea a la fuerza a la escuela, hacer foros, eventos, películas, aunque vengan pocas personas es necesario hacerlo siempre. Si los profesores le van a dar la espalda al mundo, nosotros no lo haremos.

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