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¿Por qué todo 11 tiene su 13? Los movimientos populares revolucionarios. El 12 y 13 de abril de 2002.

¿Por qué todo 11 tiene su 13?

Los movimientos populares revolucionarios.

El 12 y 13 de abril de 2002.

En contraste fundamental con las acciones llevadas a cabo por la oposición, mientras éstos planificaban el asesinato masivo de venezolanos con el objetivo de desestabilizar en el marco de un golpe de Estado; Hugo Chávez decidió ir preso, ser arrestado antes de resistir, como podía hacerlo, para no producir más muertes. Es decir, mientras la oposición optaba por la muerte, el presidente Chávez resguarda la vida del pueblo por encima de la suya propia.

Toca analizar el proceso posterior a esos actos aciagos del 11 de abril. Porque todo 11 tiene su 13, ante los planes de la derecha que resultó abiertamente fascista, el pueblo desde tempranas horas del 12 salió a las calles masivamente a defender sus derechos, a defender los intereses de clase que ahora venían siendo cada vez más representados.

Este fenómeno es único a nivel mundial, que un golpe de Estado perpetrado por la oligarquía, los medios y sectores de la cúpula militar sea revertido por las masas populares, los cuales con su presión hicieron entender al resto del mando militar que sin el pueblo no hay poder posible.

Abundan las imágenes de un pueblo, que por encima de cualquier manipulación mediática se dio cuenta conscientemente de cuáles eran sus intereses y de que los debían defender costara lo que costara. Pero además, mientras la oposición derogaba una constitución aprobada por vía electoral, el ciudadano de los sectores más empobrecidos salía a las calles con esa misma constitución en sus manos a defender un sistema democrático que recién se había dado a sí mismo.

Resultó la máxima expresión de un cambio fundamental en la historia de Venezuela.  De un país con un sistema caduco, que no generaba la confianza de nadie, especialmente de los sectores sociales más empobrecidos, se pasó a tener un pueblo capaz de organizarse rápidamente en respuesta a una agresión directa, pudiendo identificar quién era su enemigo político y de clase. Vale acotar, organizarse desde sus propia capacidad orgánica para luchar, sin liderazgo inmediato, sino con la voluntad de algunos que codo a codo con la gente apostaron por la protesta y la movilización.

Se produjo entonces un contraste explícito en la sociedad venezolana, por un lado una oposición abiertamente conformada por la oligarquía y sus aliados, que llega a planificar el asesinato en masa de los ciudadanos, desde aquellos que se les oponen hasta sus propios seguidores; por el otro un presidente que pone su vida por la de la gente, que apuesta a la paz frente a la muerte, junto a él un pueblo cada vez más consciente y organizado en defensa de sus intereses y el sistema participativo y protagónico.

Es necesario recordar siempre de lo que esta oposición (donde siguen estando los mismos rostros) puede hacer para conquistar el poder y defender sus espacios. Pero también  ellos deben saber y recordar que el pueblo estará preparado para defenderse ante cualquier agresión, ahora más que nunca.

Manuel Azuaje Reverón.

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Sensibilidad Social y Conciencia Revolucionaria.

25 de marzo de 2012.

En los tiempos que corren y a lo largo de estos doce años de proceso no son pocos los que han llegado a él con el único fin de sacar alguna tajada, desde ganancias económicas hasta una parte del poder del Estado; algunos se han aferrado durante años a un cargo, otros han pasado por muchos y los hay quienes recién llegaron hace algunos años, habiendo pasado los momentos duros refugiados en sus casas o hasta marchando para la campiña.

Otros son los que llenos de ilusiones, del espíritu revolucionario, consiguieron algún puesto en las instituciones públicas y se han visto abordados por ese desalentador ambiente en el cual la burocracia mella  las ganas de cambiarlo todo. Pasa que o se convierten en burócratas o se desilusionan a tal punto que se les ve como van perdiendo la chispa que caracterizó su espíritu inicial. Suelen  ser una pérdida dolorosa para la lucha. Pero también muchas veces se pueden desburocratizar, recordándoles el sentido final de todo esto, o volviéndolos hacia ese pueblo que en cada trinchera pelea día a día.

Vale la pena de igual modo recordar a aquellos que siguen sosteniendo el espíritu con el que llegaron y desde ahí  batallan intensamente, sin ellos ya esto seguramente hace tiempo se hubiera estancado de forma definitiva. Son esos los que con humildad, coraje y fuerza se enfrentan a ese espíritu de derechización que anda por ahí, muchas veces personificado y coloquialmente, jodiendo.

Los que he descrito primero suelen ser no solo altamente peligrosos, sino que además le hacen el favor  directo a la contrarevolución, ya que por más que intenten aparentarlo sus acciones no van acompañadas del espíritu necesario para llevar a cabo las transformaciones que hacen falta. Por otro lado resultan bastante hábiles a la hora de asimilar el discurso hasta a veces claramente radical que caracteriza a los sectores que vienen luchando para profundizar  el cambio.

Por esta razón es necesario que podamos identificar a estos sujetos que se apropian de las palabras y símbolos de la izquierda con el único fin de poder satisfacer sus intereses particulares. Debemos entonces buscar un elemento que deba estar presente en quien está comprometido seriamente. Aquello que caracteriza el contenido de las actitudes de quien lleva una praxis sincera es la sensibilidad social, sin ésta las palabras resultan vacías y las acciones superficiales.

La sensibilidad social debe ser la forma que envuelve el contenido de toda acción revolucionaria, por más que se intente no hay manera de fingirla, siempre se notará lo falso y sobreactuado de la misma. Su ausencia se hace patente cuando en la intimidad, el círculo cerrado, o en lugares donde no es necesario fingir, estos funcionarios muestran sus actitudes racistas, clasistas, homofóbicas, machistas y otras del mismo tipo, antivalores. En las instituciones que dirigen, en el trato inmediato con los trabajadores se nota claramente cuál es el carácter del compromiso de muchos de esos que en público y frente a las cámaras se rasgan las vestiduras por el pueblo.

La exposición de la sensibilidad como forma del contenido de toda acción revolucionaria dirige el tema a la formación sociopolítica y comunitaria. Una vez que está presente podemos hacer posible que el sujeto de la transformación en los espacios comunitarios aprehenda las herramientas teóricas, los instrumentos de interpretación necesarios para darle una mayor capacidad a sus prácticas y a la lucha. Es ésta la que permite que los miembros de las comunidades reconozcan la lógica y estructura de la dominación, así como a sí mismos y a sus compañeros de clase como objeto de la explotación. A través se reconoces en el otro a la víctima del sistema, en todos sus niveles, político, económico, cultural.

En el caso contrario están quienes manejan la teoría, o aquellos que han reconocido la falsedad del sistema de legitimación impuesto cultural, ideológica y epistemológicamente por el capitalismo como un conjunto de verdades incuestionables. Son aquellos, por ejemplo, a los cuales les asalta la duda con respecto a lo que se ensaña en las universidades y empiezan a formar un criterio crítico de esos sistemas teóricos y verdades. A éstos debe orientárseles para que la crítica teórica se haga crítica social, y aunque sea más complejo, será necesario formar esa sensibilidad social que deberá derribar las barreras impuestas por los antivalores actuales.

Es por ello que la formación y actualización de la sensibilidad social es esencial a la hora de generar conciencia revolucionaria, porque no hay garantía de permanencia más que en su fortalecimiento continuo a través del compromiso y cercanía con aquellos que padecen materialmente a diario los embates de la burguesía. Se deben combatir todos los antivalores que permanecen dentro de nosotros, y que se fomentan en función de evitar la cohesión social y el reconocimiento orgánico del sufrimiento del otro que lleva a activar la lucha.

Manuel Azuaje Reverón.

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