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Independencia y Emancipación. Dos objetivos en pugna.

Independencia y Emancipación.

Dos objetivos en pugna.

            Se conmemoran 202 años de los hechos del 19 de abril de 1810 que marcaron definitivamente el inicio de la guerra de liberación del yugo español en nuestro territorio. Pero vale la pena más que hacer el frecuente análisis sobre los factores que llevaron a los sucesos o la forma en la que se dieron, referirnos a la compleja situación de convulsión social que estalló en los años posteriores y que marcó la historia de nuestro país. Debemos ir para ello más allá de las historiografías oficiales.

            Afirma Vladimir Acosta que existe una tensión entre la independencia y la emancipación como proyectos que expresaban los deseos de sectores sociales no sólo distintos sino que entrarían en una pugna abierta y cruenta. El historiador y filósofo estudia los procesos referidos a los primeros años del conflicto en el país, especialmente a los intereses representados por quienes tomaron las decisiones. Consideramos que estos análisis pueden ser extendidos hasta el estallido de 1814 con la figura de Boves a la cabeza.

Una comprensión de estos fenómenos a partir de las concepciones e intereses perseguidos permite desmitificar una visión orgánica y unitaria de la guerra de liberación, haciendo posible ver que lejos de darse una lucha homogénea entre patriotas y españoles realistas, existió un complejo  proceso social más cercano a una guerra intestina de castas que a una lucha nacionalista claramente tangible.

La idea de independencia se identifica con todos los procesos latinoamericanos por igual, buscando que exista una visión única de éstos, uniforme y ajustada al estudio esquemático y sintético de la historia, el cual termina siendo muy superficial. Se desarrolla la concepción de la independencia como algo abstracto y unívoco que perseguían todos aquellos que se oponían al yugo español. Los hechos y sus consecuencias deben ser vistos de forma regional denotando la complejidad de cada uno, es necesario también hacer hincapié en que a lo interno de cada futura nación hay distinciones fundamentales propias de las convulsiones vividas.

Convertir en sinónimos los conceptos de independencia y emancipación pretendió hacerlos pasar por un mismo proyecto, expresión de los intereses de toda la población en pugna que constituiría los sectores de la futura Venezuela. Además, afirmarán quienes sostienen esto, que el proceso histórico debes estudiarse como una totalidad cerrada, conclusa. Desaparecen así toda diferencia de carácter social en las dimensiones internas del conflicto dándole uniformidad tanto al bloque patriota como realista.

Acosta sostiene que la independencia se constituirá en el objetivo directo de la oligarquía criolla, un objetivo político, obtener el reconocimiento de la independencia por parte de España. La emancipación por la debilidad y el atraso político e ideológico de las masas populares no podrá ser caracterizado con claridad como objetivo de los sectores dominados por los españoles, éstos son explotados directamente por esa oligarquía criolla independentista, pero ese proyecto no deja de expresarse en el desarrollo de un conflicto como deseo, lo que llevó a estos grupos a estar de un lado y de otro durante la guerra. La dominación social a la que estaban sujetos por parte de la oligarquía criolla llevó a identificar a éstos como los principales enemigos, porque eran evidentemente los antagonistas directos de clase, haciendo de la lucha de los primeros años una revolución profundamente social.

La dinámica de la relación entre ambos proyectos llegó a tener su máxima expresión en el año 1814, donde algunos autores consideran que al lado de la guerra de independencia se dio una verdadera revolución que expresaba los deseos de los sectores más empobrecidos de la sociedad, éstos se rebelaron contra todo el orden vigente generando una ola de violencia proporcional a la recibida durante siglos de explotación. Fue una época de ejercicio de las ansias niveladoras del pueblo que como ya se afirmó identificaron a los blancos criollos como el enemigo de clase inmediato.

Es necesario estudiar este  momento de la historia del país como un reflejo de la estructura de castas de la sociedad colonial, como su producto más inmediato, así como un punto en la historia de las rebeliones populares que marcaron el siglo XIX y que forma parte del imaginario político de los movimientos que luchan hoy en día contra sectores de la nueva oligarquía.

Para los criollos independentistas hubiese resultado mucho más beneficioso llevar a cabo una independencia al tipo de Estados Unidos, de bajo costo y rápida para terminar fuertes, pudiendo dedicarse al comercio con la vieja Europa, así jugar un papel preponderante en el siglo que se iniciaba. Los procesos mediante los cuales se pedía el reconocimiento formal de autonomías para las colonias en función de lograr finalmente la independencia demuestra el carácter conservador de esta élite política, que en el fondo se proponía hacer una revolución burguesa que no cambiara las relaciones sociales coloniales.  Lo que se quería era independencia para los blancos criollos sin emancipación para los sectores subalternos.

Será esa contradicción entre los intereses de las élites dominantes y las mayorías populares la que atizará el conflicto social, produciendo una revolución intestina donde los dominados respondieron con toda la rabia contenida en siglos de explotación. Esta lucha entonces es resultado de la misma condición en la que se encontraban los más empobrecidos, que no vieron en el proyecto independentista el reflejo de sus ímpetus y necesidades.

Los fenómenos sucedidos marcaron el carácter social nivelador de la lucha por la liberación en nuestro país, a diferencia de otras naciones latinoamericanas se trastocó toda la estructura colonial. La lucha y su dinámica sirvieron de ejemplo para todas las posteriores que se llevarán a cabo con el mismo espíritu emancipador, especialmente la guerra federal.  Para Vallenilla Lanz la condición interna de la guerra degeneró en que se destruyó esa oligarquía, haciendo imposible que a diferencia de Colombia por ejemplo tengamos todavía hoy a sus herederos directos en el poder, por supuesto el autor desde el positivismo le da un carácter negativo a lo acontecido, pero para nosotros marca el inicio de nuestras luchas populares y el verdadero contenido popular de las guerras por la liberación nacional.

Comprender la diferencia entre ambos objetivos permite situarnos hoy ante una independencia lograda a medias y una emancipación por la que debemos luchar, para que todos sectores revolucionarios se identifiquen con las banderas de esos zambos, negros, pardos e indios.

Manuel Azuaje Reverón.

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¿Por qué todo 11 tiene su 13? Los movimientos populares revolucionarios. El 12 y 13 de abril de 2002.

¿Por qué todo 11 tiene su 13?

Los movimientos populares revolucionarios.

El 12 y 13 de abril de 2002.

En contraste fundamental con las acciones llevadas a cabo por la oposición, mientras éstos planificaban el asesinato masivo de venezolanos con el objetivo de desestabilizar en el marco de un golpe de Estado; Hugo Chávez decidió ir preso, ser arrestado antes de resistir, como podía hacerlo, para no producir más muertes. Es decir, mientras la oposición optaba por la muerte, el presidente Chávez resguarda la vida del pueblo por encima de la suya propia.

Toca analizar el proceso posterior a esos actos aciagos del 11 de abril. Porque todo 11 tiene su 13, ante los planes de la derecha que resultó abiertamente fascista, el pueblo desde tempranas horas del 12 salió a las calles masivamente a defender sus derechos, a defender los intereses de clase que ahora venían siendo cada vez más representados.

Este fenómeno es único a nivel mundial, que un golpe de Estado perpetrado por la oligarquía, los medios y sectores de la cúpula militar sea revertido por las masas populares, los cuales con su presión hicieron entender al resto del mando militar que sin el pueblo no hay poder posible.

Abundan las imágenes de un pueblo, que por encima de cualquier manipulación mediática se dio cuenta conscientemente de cuáles eran sus intereses y de que los debían defender costara lo que costara. Pero además, mientras la oposición derogaba una constitución aprobada por vía electoral, el ciudadano de los sectores más empobrecidos salía a las calles con esa misma constitución en sus manos a defender un sistema democrático que recién se había dado a sí mismo.

Resultó la máxima expresión de un cambio fundamental en la historia de Venezuela.  De un país con un sistema caduco, que no generaba la confianza de nadie, especialmente de los sectores sociales más empobrecidos, se pasó a tener un pueblo capaz de organizarse rápidamente en respuesta a una agresión directa, pudiendo identificar quién era su enemigo político y de clase. Vale acotar, organizarse desde sus propia capacidad orgánica para luchar, sin liderazgo inmediato, sino con la voluntad de algunos que codo a codo con la gente apostaron por la protesta y la movilización.

Se produjo entonces un contraste explícito en la sociedad venezolana, por un lado una oposición abiertamente conformada por la oligarquía y sus aliados, que llega a planificar el asesinato en masa de los ciudadanos, desde aquellos que se les oponen hasta sus propios seguidores; por el otro un presidente que pone su vida por la de la gente, que apuesta a la paz frente a la muerte, junto a él un pueblo cada vez más consciente y organizado en defensa de sus intereses y el sistema participativo y protagónico.

Es necesario recordar siempre de lo que esta oposición (donde siguen estando los mismos rostros) puede hacer para conquistar el poder y defender sus espacios. Pero también  ellos deben saber y recordar que el pueblo estará preparado para defenderse ante cualquier agresión, ahora más que nunca.

Manuel Azuaje Reverón.

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